sábado, 25 de marzo de 2017

ARGENTINA EN DESTRUCCIÓN – EL NUEVO PLAN MORGENTHAU
El Secretario del Tesoro de EEUU, Henry Morgenthau Jr., fue el ideólogo del plan que lleva su nombre, por el cual se planificó dejar a Alemania sumida en la peor de las miserias, al cabo de la Segunda Guerra Mundial, impidiéndole todo desarrollo industrial y tecnológico, dejando a su población hambreada y sin alternativas de vida, pues buscó fomentar y obligar a la involución económica a estadios superados de economía primaria, a la vez que pretendía destruir todo el sistema educativo, en particular el de la enseñanza técnica y científica, y anarquizar todos los estamentos de funcionamiento del país.
Ese vengativo plan, fue elaborado y consensuado mucho antes que terminara la guerra, cuando ya la balanza del poder bélico se había inclinado decididamente en contra del III Reich.
Pueden encontrarse puntos de semejanza con el Tratado de Versalles, el cual bajo las influencias marcadamente revanchistas de los negociadores británico (Lloyd George) y francés (Georges Clemenceau), no atemperadas por los representantes de Italia (Vittorio Orlando) y EEUU (Woodrow Wilson); que estableció pautas de indemnizaciones muy acentuadas y claramente vengativas contra los vencidos en la Primera Guerra Mundial y en particular contra Alemania; lo que provocó el revanchismo que pocos años después fue una de las causas que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial.
Pero así como el Tratado de Versalles era clara y brutalmente lesivo, sin mayores disimulos; el Plan Morgenthau estuvo pensado como un accionar más sigiloso, lleno de meandros de sucesivos impedimentos que sin mostrarse a cara descubierta y con acciones y trabas encubiertas, hicieran imposible todo proceso de desarrollo, mediante la desarticulación general, el caos financiero y el desmantelamiento industrial y tecnológico, además del desamparo total de la población.
El Plan Morgenthau, casi calcado, también se aplicó a Japón, pero en ambos casos, por motivos geopolíticos, solo duró escasos dos años, pues para EEUU y sus aliados, lo prioritario era utilizar a Japón y Alemania, como frenos al por entonces temido expansionismo comunista, sobre todo ante las rispideces suscitadas en Berlín, la inestabilidad en Corea y Vietnam, y el estatus de potencia nuclear que había adquirido la Unión Soviética.
Es decir que los supuestos peligros que representaban Alemania (por entonces Alemania Occidental) y Japón, quedaron relegados ante el agravamiento geopolítico respecto al Oso Ruso y el Dragón Chino; y las vengatividades fueron dejadas de lado, por las nuevas urgencias geopolíticas.
El siniestro Plan Morgenthau fue reemplazado por el Plan Marshall, que fue su antítesis; y los “milagros” económicos alemán y japonés se concretaron rápidamente, al igual que ocurrió con los otros ex beligerantes de Europa Occidental.
Si bien la bibliografía “políticamente correcta” los elude, hay en la historia otros casos de desindustrialización forzosa, instigados por la respectiva potencia dominante de turno, en particular por Gran Bretaña, que no quería competencia a su autoasignado rol de “taller del mundo”.
Largamente estudiado por el revisionismo histórico, y cuidadosamente oculto por el academicismo histórico mitrista, es el caso argentino del siglo XIX, cuando después de Caseros y de Pavón (batallas que sucesivamente significaron la imposición forzosa del liberalismo económico), ante la invasión de productos industriales sin freno aduanero alguno, y facilitado ese proceso por los avances de las redes ferroviarias, se extinguió rápida e irremisiblemente la industria artesanal del noroeste, de Santa Fe, Córdoba y otras provincias. Brutal proceso negado o “ninguneado” por historiadores y economistas afines al establishment oligárquico y antiindustrial.
Pero menos conocidos son otros casos, como el de Egipto del siglo XIX, en el cual en el marco de un gobierno fuerte respaldado por una respetable capacidad militar propia, se había implementado un proceso de industrialización que hacía de ese país en esos años un equivalente de las Potencias Emergentes de hoy. El cultivo del algodón, de muy buena calidad, y la decisión política de industrializarse, dieron origen a una importante industria textil, por entonces equiparable a la consolidada industria textil británica. En ese contexto, otras ramas industriales también iban desarrollándose.
Pero así como el sistema político autocrático egipcio del siglo XIX evitó en su momento las oposiciones a la industrialización que podrían ejercer sectores conservadores y los intereses de exportadores de materias primas e importadores de bienes elaborados; al debilitarse dicho poder, por envejecimiento del Pachá y las demoras y conflictos políticos para su sucesión, las sutiles pero fuertes presiones británicas en particular y europeas en general, lograron hacer languidecer a la industria local, sacrificándola en el altar del “libre comercio”, con lo cual en pocos años Egipto pasó a ser un simple proveedor de algodón en bruto, retrotrayéndose a una economía primaria y dependiente de los centros industriales extranjeros. Hasta hoy no logró superar el contexto de economía pobre y carente de industria al cual fue inducido Egipto, bajo diversas presiones políticas y financieras.
En Argentina, la desindustrialización y la destrucción de actividades tecnológicas de punta, tuvo varios muy nefastos períodos de aplicación, todos los cuales tuvieron claras connotaciones de acentuada similitud con el Plan Morgenthau aplicado a Alemania y Japón entre 1945 y 1947/8.
Las acentuadas políticas de industrialización y de desarrollo tecnológico que aplicó el peronismo entre 1946 y 1955, fueron frenadas y en parte desactivadas o destruidas por el golpe de Estado pro británico de 1955, perpetrado con la complacencia y apoyo de la vieja oligarquía campera ultra conservadora. La desactivación del avanzado proyecto del Pulqui (avión caza a reacción, similar a los Mig 15 y Sabre F 86 de esos años), y la absurda expulsión de la fábrica de camiones y ómnibus de Mercedes Benz, son posiblemente los casos más emblemáticos, pero no los únicos de “la fusiladora” (1). El odio a los obreros sindicalizados, que caracteriza a los procesos de industrialización, el miedo visceral a las transformaciones socio - económicas y la aversión a perder privilegios recalcitrantes, unió a componentes ultra liberales (antinacionales) de las Fuerzas Armadas con la retrógrada oligarquía campera y sectores de la intermediación importadora y financiera.
En 1962 otro golpe de Estado tuvo marcadas connotaciones ultra liberales y por ende antiindustrialistas, con el tecnócrata Álvaro Alsogaray como mascarón de proa, y las FFAA como instrumentos de aplicación de doctrinas recesivas y antinacionales. Los pretextos del golpe, no pudieron ocultar que las políticas petrolera e industrial, notablemente efectivas más allá de aciertos y errores de aplicación, fueron las causas reales que escandalizaron a las oficialidades “gorilas” (2) y a sus mandantes e instigadores oligárquicos.
El golpe de Estado de 1966 fue sui generis, pues si bien tuvo aristas liberales, con Krieger Vasena como personero del establishment como “super ministro” de Economía, su accionar estuvo acotado o enmarcado en fuertes políticas de desarrollo industrial y tecnológico, y una acertada ley de Compre Nacional, aplicadas sobre todo en las dos primeras etapas (presidencias de Onganía y Levingston). Ese perfil desarrollista con claros perfiles geopolíticos en buena parte debe ser atribuido al poderoso rol del cerebral General Juan Enrique Guglialmelli, y en parte al Dr. Aldo Ferrer en el Ministerio de Economía en la segunda etapa de esos siete años.
El golpe de Estado de 1976, conocido como “el proceso”, con el marco de la violencia guerrillera como contexto real y como pretexto perfecto para reprimir toda opinión y acción en contrario, entronizó al neoliberalismo como “doctrina única”, aplicada con rigor y total carencia de patriotismo y sentido de humanidad, por Martínez de Hoz (personero de la Sociedad Rural y los poderes financieros transnacionales), y por sus sucesores, casi sin solución de continuidad, por un largo y destructivo cuarto de siglo, al cabo del cual estuvimos literalmente al borde de la disolución nacional.
El pomposamente autodenominado “proceso de reorganización nacional”, claramente subordinado a las potencias anglosajonas (EEUU y Gran Bretaña), buscó desarticular totalmente el notable desarrollo industrial que había alcanzado nuestro país, cuyas producciones se exportaban en crecientes volúmenes y a diversos destinos. A la vez, uno de sus claros objetivos fue concentrar acentuadamente la riqueza, reduciendo drásticamente los niveles salariales, buscando recrear las condiciones semifeudales de la segunda mitad del siglo XIX, de aquella etapa que el probritánico Mitre instauró bajo el nombre de “proceso de organización nacional”. ¡Continuidades históricas evidentes!
La brutal involución industrial, tecnológica, económica en general, y sociopolítica, así como sus objetivos finales de desguace nacional, perpetrada en el marco del terrorismo de Estado, tuvo evidentes similitudes, prácticamente calcadas, con el Plan Morgenthau, el cual siguió aplicándose hasta 2001, incluso acentuándose desde el menemato y el delarruato.
Volviendo al poder formal el neoliberalismo, bajo el formato democrático, desde fines de 2015, con los mismos o similares protagonistas que en los siniestros años ’90, evidentemente están decididos a aplicar a rajatabla una versión remozada y acentuada del Plan Morgenthau; en forma acelerada y pretendiendo no dejar margen para el resurgimiento industrial, tecnológico y ni siquiera de atisbo alguno de soberanía nacional.
“No entiendo de soberanía”, dijo palabras más o menos, el actual presidente y comandante de la ceocracia reinante. “Les haremos olvidar del patriotismo”, se filtró de una reunión de líderes empresarios ultra liberales, expresado por el actual presidente del Banco Central”. “No queremos industrias” dijo la vicepresidenta.
Son los mismos que desprecian abiertamente a la escuela y la Universidad pública.
Evidencian estar decididos a “completar la tarea” de desguace del territorio argentino, lo cual no pudo –milagrosamente- perpetrarse en la buscada crisis terminal de 2001/2002.
A la oligarquía apátrida, esos problemas no les molestan, e incluso le complacen; a ciertos sectores muy confusos de las clases media y baja, no les preocupa pues ni se dan cuenta de la gravedad de la situación; amplios sectores de las FFAA y FFSS y civiles vinculados (3) el tema no lo comprenden, pues siguen anclados en los años ’70, negándose a comprender que hoy la realidad es otra y a razonar con fundamentados criterios geopolíticos actuales; mientras que varios “progres” llenos de doctrinas del odio o de sectarismos inducidos por ONGs 
extranjeras, ignoran o menosprecian temas como este y son casi siempre funcionales a acentuar las confusiones y a ser de última instrumentos del “capitalismo” que tanto dicen odiar.
Preocupante realidad de la que pocos tomaron cabal conciencia.
(1) Ingenioso nombre dado a la autodenominada “revolución libertadora” de 1955.
(2) Despectivo calificativo del imaginario popular, aplicado a los recalcitrantes antiperonistas perpetradores del golpe de 1955, y sus continuadores.
(3) FFAA y FFSS = Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

martes, 7 de marzo de 2017

DEFINICIONES SOCIOLÓGICAS ARGENTINAS Y TEMAS VINCULADOS
Definiciones sociológicas de determinadas tipologías socio culturales de Argentina, según Jauretche. “Tilingo” es el clasemediero que “se cree” o “quiere hacer ver” que es parte de la oligarquía, suele ser un colonizado mental crónico, y vive en función de las apariencias, siempre termina operando contra sus propios intereses y los de la nación. “Guarango” se dice de los nuevos ricos, que no aprendieron las formalidades del buen gusto y los buenos modales, y que suponen que “con la plata todo se disimula”. El “garca”, apócope de oligarca, en épocas de Jauretche (hasta medio siglo atrás), se aplicaba a la pseudo aristocracia agro ganadera, mega terrateniente, principalmente de la Pampa Húmeda. Hoy la oligarquía se diversificó. El “garca” se cree dueño de verdades absolutas, sobre todo en temas políticos y económicos, y aplica para ello el mismo criterio de amo feudal que utiliza en sus establecimientos rurales, en los que su palabra no admite discusión alguna, y por ello le enfurece hasta el odio más profundo, ser cuestionado e incluso dejado sin argumentos, por sectores de las clases medias y bajas que no se subordinan a sus perimidos esquemas mentales, propios de la segunda del siglo XIX en aquella Argentina subordinada a Gran Bretaña.
Son palabras y conceptos hoy casi en desuso para el argentino medio, pero en lo sociológico, tienen plena vigencia.
Modestamente, dentro del pensamiento jauretcheano actual, me permití agregar nuevas tipologías sociológicos: el “procesero macrista” es el militar o civil cooptado ideológicamente por la doctrina de la seguridad nacional –opuesta a la Doctrina de la Defensa Nacional-, que sigue anclado en los años ’70, y que ahora se siente “identificado” con el accionar represivo y antipopular del actual gobierno nacional, de metodologías tan similares en los hechos a las del “proceso”, y además con idénticos planes económicos neoliberales a ultranza. Tiene incorporadas formalidades patrióticas, que chocan de bruces con sus apoyos explícitos a políticas económicas de corte claramente antinacional, como el neoliberalismo rampante. Pero por cerrazón mental extrema, ni se da cuenta de sus tremendas contradicciones ideológicas, y su “razonamiento” solo distingue al “enemigo marxista”, al cual cree ver en cuanta opinión que no cuaje con sus vetustos esquemas mentales. Usualmente, no tiene ni idea de geopolítica, y tampoco suele saber mucho de historia ni de economía. Le suele costar mucho distinguir matices, y por lo general funciona solo bajo el esquema binario simple de amigo-enemigo. Algunos conocidos analistas políticos y geopolíticos no se esfuerzan por esclarecer esas confusiones, pues de hacerlo dejarían de ser bien vistos en determinados círculos en los que interactúan.
El “patriotero de bandera” no se diferencia mucho del precedente, y es ese curioso tipo de colonizado mental, cuya noción de patriotismo no va más allá de la exaltación del himno y la bandera, siendo fácilmente manipulable por los sectores oligárquicos y antinacionales, que apelan a sus severas limitaciones y encasillamientos de pensamiento para utilizarlos como dóciles fuerzas de choque en contra de cualquier expresión a favor de los genuinos Intereses Nacionales y Populares. Ese patriotismo miope, que se agota en los símbolos patrios, es definido por el Dr. Julio Carlos González (ex Secretario Legal y Técnico de Perón y de M. E. M. de Perón, y ex preso político de “proceso”), como “patriotismo cromático y musical”.
Por su parte, desde el supuesto otro extremo del arco ideológico, pero coincidiendo funcionalmente con aquellos que sus ideólogos identifican como “de derechas”, están los “progres fuera de foco”, las distintas y variopintas “progresías”, que con tanta liviandad suelen adherir a posturas antinacionales, las que son edulcoradas u ocultadas bajo fachadas “ecologistas”, “indigenistas”, “derecho humanistas” o tópicos similares, hábilmente instalados por ONGs o Fundaciones transnacionales, principalmente británicas, las que semi soterradamente operan en nuestro país y naciones hermanas de la Patria Grande.
Como una constante casi sin excepciones, mostrando que los sectores antinacionales terminan teniendo coincidencias operativas e incluso de objetivos, aunque “para la tribuna” se puedan diferenciar como de “izquierdas” y “derechas”, resulta sumamente notable que tanto los viejos militantes de “izquierdas” y diversos reaccionarios sumados al neoliberalismo más descarnado, o sea las “derechas” recalcitrantes, confluyen apoyando tan entusiasta como infundadamente, a los planteos ultra montanos del ecologismo cavernario; el mismo que bajo la excusa del “conservacionismo” nos quiere hacer involucionar al siglo XIX, o incluso antes, promoviendo la aceptación no solo mansa, sino la militancia fervorosa, a favor de planteos de subdesarrollo crónico, bajo pátinas falaces de “defensa del medio ambiente”.
Como notable contrasentido, sectores trostkistas y similares, terminan enganchados como fervorosos militantes del ecologismo cavernario, el mismo que tras bambalinas es digitado por grandes poderes transnacionales que buscan imponer la globalización y el subdesarrollo crónico para países que no pudieron alcanzar la categoría de países desarrollados; poderes transnacionales del supuestamente tan odiado “capitalismo”; poderes “detrás del trono” que están muy vinculados por lo general con grandes empresas petroleras / gasíferas transnacionales cuyas casas centrales están en las Potencias Neocolonialistas del siglo XXI, desde las que fogonean el odio visceral a las energías hidroeléctrica y nuclear, por ser mucho más eficientes que la energía termoeléctrica (la que quema hidrocarburos).
O sea que las Potencias Neocolonialistas, básicamente EEUU, Gran Bretaña, Francia y sus asociados menores, como algunos de la Unión Europea y de la Comunidad Británica de Naciones, son las fuentes de las que emanan “las letras” que marcan la tendencia “ecológicamente correctas” para que el subdesarrollo crónico se acepte en nombre del conservacionismo extremo y llevado a nivel de dogmas cuasi religiosos. Esos dogmas, repetidos hasta el cansancio, convencen tanto a sectores de clases medias acomodadas e incluso componentes de estamentos medios/medios y medios/bajos que no saben que hacer con su tiempo o que carecen de mejor causa por la cual luchar; y curiosamente también seducen a fervorosos militantes “anti sistema” de “las izquierdas”… que terminan siendo peones funcionales de los intereses que dicen aborrecer.
De los miembros de la comunidad británica de naciones, operan en este sentido principalmente las potencias intermedias de las “colonizaciones blancas” anglosajonas, que demuestran grandes afinidades culturales y geopolíticas con los postulados de “la Rubia Albión”; o sea Canadá, Australia y Nueva Zelandia, básicamente, y en menor escala tal vez Sudáfrica.
En ese entorno de confusiones prefabricadas, quienes son cooptados a ultranza por las ONGs terminan perdiendo o diluyendo toda noción de sano patriotismo y de búsqueda del desarrollo socio económico como objetivo necesario y permanente sin el cual las mejoras en el nivel general de vida pasan a ser meras quimeras irrealizables.
Y también en ese contexto, los sectores militares que caen en las vacuidades de doctrinas contrarias de hecho al interés nacional, como el liberalismo y el neoliberalismo, al desconocer principios esenciales de geopolítica, estrategia y defensa basados en el mundo real actual y sus proyecciones, terminan aferrados a meros formalismos huecos que los inducen en un mar de severas confusiones, e incluso a ser involuntarias herramientas de los intereses antinacionales. Y se enfatiza esto, pues es muy grave. Un militar o un componente de una fuerza de seguridad, que no tenga ni idea de geopolítica ni de historia nacional real (no el mero discurso edulcorado del academicismo mitrista); es un sinsentido tan grande como un ingeniero civil que no sepa calcular una estructura, o un médico que no conozca de clínica médica.
Implementar soluciones a esas graves confusiones doctrinales, forma parte de la esencia de la gran batalla cultural, la cual si no se resuelve exitosa y totalmente, nos atará irremisiblemente a un triste destino de republiqueta bananera, o peor aun a la total balcanización de nuestro extenso territorio nacional, borrando todo
vestigio de argentinidad.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos
RESCISIÓN DEL CONTRATO POR IMPERICIA Y MALA FE MANIFIESTAS
Se contrata a alguien para manejar un establecimiento importante, el cual incluye viviendas y sectores sociales de sus propietarios, además de sus talleres industriales, sus huertas, sus campos y sus diversas actividades.
El contrato, renovable, tiene una vigencia de cuatro años.
Si el administrador miente a diario, destruye cuanto puede con notoria malicia, dificulta y frena las producciones, hace buenas migas con usureros con los que endeuda al importante establecimiento cuya administración se le confió.
Si se burla de la propia gente que lo contrató, y de la que se opuso a contratarlo.
Incluso un poco bajo cuerda (aunque es tan burdo, que no lo puede disimular), está haciendo infames acuerdos para transferir a manos extrañas partes importantes de la extensa propiedad de quienes lo contrataron, y también está incurriendo en acuerdos infames con unos delincuentes que usurpan parte importante y muy querida de la propiedad del establecimiento.
Llegó al cargo con masivos engaños, para lo cual contrató a embaucadores profesionales, y tuvo respaldo de usureros que roban con guantes blancos (pero ensangrentados) a muchos establecimientos que se dejaron engañar por prestamistas y otros delincuentes financieros.
Peor aun, este administrador, pretende manejar a los que lo nombraron, como sus siervos, o directamente como esclavos descartables.
¡Y algunos muy confusos o muy inocentes o muy mal informados, dicen que “hay que respetar el contrato, y mantenerlo en el cargo hasta el final”!
¿Mantendría en el cargo a un administrador que destroza todo, se burla de todos, vive mintiendo, se esta enriqueciendo (más todavía), a costa del establecimiento que administra y de sus administrados, e incluso manosea y viola la dignidad de todos sus administrados, que en realidad son sus jefes ante los cuales debería rendir cuentas?
Toda similitud con algún caso de la realidad, no es casualidad.
CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

jueves, 2 de marzo de 2017

PARALELISMOS DESTRUCTIVOS – 1930, 1955, 1976, 1989-2001, 2015 ¿?
La industria automotriz, por su gran efecto multiplicador, por ser una rama industrial de media/alta complejidad, y por la importancia estratégica que sin duda posee, permite ejemplificar acerca de la notoria continuidad de las políticas antiindustriales de los sucesivos gobiernos dogmáticamente liberales en lo económico y cerradamente conservadores en lo político, que hemos padecido en nuestra relativamente breve historia del siglo XX y lo que va del XXI.
2017 arrancó con la nada alentadora noticia de la cancelación definitiva de las producciones de cuatro automóviles de la gama inicial, de bajas cilindradas y precios relativamente bajos, las cuales fueron reasignadas a plantas industriales brasileñas. Ese tipo de autos es precisamente el de mayor venta, pues es el de entrada a la motorización, o eventualmente el segundo auto de familia, de bajo consumo y económico mantenimiento.
Que el Chevrolet Classic, el Agile, el Peugeot 207 y el Renault Clio se hayan dejado de producir en Argentina, implica no solo los consecuentes despidos o suspensiones en las terminales automotrices, sino que también afecta a toda la cadena de proveedores nacionales de diversos insumos y servicios vinculados con esas líneas de producción.
Una muy mala noticia, que por cierto no puede ser atemperada por las producciones de algunos modelos nuevos, que ya estaban en marcha desde 2015 o antes, pues es sabido que producir un nuevo modelo puede insumir un período de tiempo de más de un año, incluso dos o tres. Es el caso del auto de alta gama de Chevrolet (Cruze) y de tres nuevos modelos de camionetas grandes, de tres marcas distintas (Mercedes Benz, Nissan, Renault), que por acuerdos interempresarios serán fabricadas en Santa Isabel, Córdoba. Ese mérito seguro buscará ser asumido por quienes no lo han forjado, pues las producciones locales del auto mencionado como del verdadero cluster productor de vehículos livianos de carga, fueron decidas a consecuencia de la aplicación de medidas económicas industrialistas, compatibles con el llamado “capitalismo de Estado” durante el cual alcanzamos a ser uno de los grandes exportadores mundiales de ese tipo de vehículos; modelo económico cancelado desde que se reimpuso el crudo neoliberalismo industricida actual.
Con esos cierres de producciones, cesaron casi por completo las
fabricaciones nacionales de autos chicos, que son –repitámoslo-, los de mayores volúmenes de ventas en cualquier mercado con funcionamiento medianamente lógico, que no es el caso argentino actual, que sufre un empobrecimiento masivo, una fuerte concentración de la riqueza en muy pocas manos, la caída muy acentuada del PBI y la desjerarquización productiva general que es consecuencia de la desindustrialización forzosa a la que estamos siendo sometidos; motivos por los cuales los importados suntuosos y las grandes camionetas doble cabina, más algunos modelos locales de alta gama, aumentaron sus ventas. Vehículos cuyos consumidores están dentro del estrato socio económico muy alto.
En ese contexto se da la incoherencia total (que no es impericia del equipo gobernante, sino intencionalidad destructiva manifiesta, para encorsetarnos en el subdesarrollo preindustrial), que muestra como mientras que en este año se recuperan los volúmenes de ventas de automotores, al mismo tiempo caen los guarismos de producción.
En castellano claro y simple, la demanda interna de automotores está siendo abastecida crecientemente por importados, en su mayor parte de industria brasileña, pero también mexicanos, chinos, alemanes, y –en demérito de la suicida apertura importadora total- provenientes de muchos otros países. O sea, a costa de los despidos de operarios y profesionales argentinos, estamos financiando y promocionando producciones y sueldos del extranjero.
Cabe acotar que el actual pico de crecimiento de las ventas de automotores (de importados, básicamente), muestra porcentajes muy altos, por la comparación con los desastrosos primeros meses de la aplicación de actual destructivo modelo neoliberal recargado; pero por cierto está lejos de los altos índices de producción y ventas de años precedentes; años en los que la producción nacional llegó a rozar el millón de automotores anuales.
Si bien, como con notable profundidad de análisis dijo el Contador y Periodista Hugo Presman, el actual gobierno neoliberal vino a “desempatar” la lucha entre liberales a ultranza y el amplio sector del Pensamiento Nacional, buscando destruir todo vestigio de auténtico patriotismo; o sea que están dispuestos a llevarse todo por delante, practicando la política de tierra arrasada sin importar costos ni escatimar engaños y falsedades. Igual no deja de ser muy interesante analizar, así sea sintéticamente, las acciones de anteriores períodos de gobiernos crudamente liberales, tomando a la industria automotriz como el caso testigo.
En las primeras cuatro décadas del siglo XX, de la mano del crecimiento económico sin desarrollo, que era consecuencia del modelo agroexportador, Argentina era uno de los principales mercados importadores de automotores del mundo; incluso según referencias, habría sido el principal comprador de automotores con volante a la derecha, a consecuencia de la circulación por izquierda (resultado de la influencia británica), vigente hasta 1945. En los años ’30, más allá de algunos procesos de ensamblaje de Ford (que montó en Argentina la primera planta fuera de EEUU) y de General Motors, hubo algunos meritorios emprendedores que llegaron a construir modelos propios, íntegramente nacionales, en bajísimas cantidades, que nunca pudieron transformarse en industrias en serie, ante la apatía total del establishment ultra liberal oligárquico agro ganadero, que no brindó ningún apoyo y que por el contrario seguramente se solazó al ver extinguirse esas iniciativas tecnológicas e industrialistas.
En las primeras tres a cuatro décadas, el sector de mentalidad nacional del Ejército (siempre enfrentado con sectores internos crudamente liberales, como lo fue el General Justo), pese al contexto político desfavorable, fomentó el desarrollo industrial y tecnológico, con importantes logros, como aviones de entrenamientos íntegramente nacionales, acero, armamentos, y materiales de uso civil. Esa mentalidad industrialista del Ejército, fue casi totalmente anulada desde 1955, y sobre todo desde 1976; pero esto ya es otra historia.
El golpe de Estado probritánico, oligárquico y ultra liberal de 1955, bajo pretextos de “complicidad con el peronismo”, hostigó a Mercedes Benz (que había concretado en Argentina la primera planta productora fuera de Alemania), la cual luego de procesos iniciales de ensamblaje de los pequeños y robustos MB 170 Diesel (taxis de Buenos Aires por largos años), se disponía a fabricar en Argentina camiones frontales y chasis para ómnibus, semi pesados. Ante las agresiones verbales y otras burdas acciones de hostigamiento, de los obtusos altos militares de “la fusiladora” y de sus instigadores civiles; Daimler Benz A.G. (nombre de la casa matriz germana) desvió esa inversión hacia Brasil. Poco después, importábamos los camiones y ómnibus que la firma alemana planeaba producir en Argentina. ¡Miopía estratégica crónica y visión enana de la oligarquía vernácula!
Pese a esas absurdas trabas de la oligarquía retrógrada, con los impulsos iniciales del peronismo, que mediante fábricas estatales primero, varios emprendedores locales y dos inversiones privadas después (IKA y Mercedes Benz), se comenzó a producir automotores en escalas industriales; y con la fuerte política de estímulo a las inversiones industriales implementadas por el desarrollismo del gobierno de Frondizi, la industria automotriz argentina se desarrolló y llegó a consolidarse, con crecientes y altos porcentajes de integración nacional; si bien persistían ciertos inexplicables condicionamientos, que por ejemplo nos vedaban la producción de vehículos pesados de carga y buses de larga distancia.
Contra todos los pronósticos de aplicación cruda de “recetas” liberales antiindustrialistas, el golpe de Estado de 1966 (la autodenominada “revolución argentina”), tuvo una mezcla heterogénea de medidas económicas, incluyendo un muy vasto plan de obras públicas y un fuerte estímulo a la industrialización, sobre todo en los dos primeros tramos (gobiernos de Onganía y Levingston), lo cual en buena parte pudo ser consecuencia del rol planificador protagónico que tuvo el gran estratega, el General Guglialmelli, imbuido de ideas desarrollistas y con fuerte perfil nacional e industrialista. En ese contexto, se tomó la decisión de producir en Argentina vehículos livianos todo terreno para uso militar (los Unimog), así como camiones medianos y pesados de doble y triple tracción; además de camiones civiles de carga pesados, concretándose las inversiones de Fiat y Deutz, para fabricar camiones de gran potencia. Después, al absorber a nivel mundial, Fiat a Deutz, cesó en Argentina la producción de camiones Deutz, por lo que pocos años después se instaló en Tucumán la planta de Scania, integrada a la producción brasileña, o sea producción local de algunos componentes valiosos (transmisiones y otros) y ensamblado de camiones en nuestro país.
Fue en esos años, y sobre todo durante el breve tercer gobierno peronista (1973-1976) que la producción industrial en general, y muy particularmente la automotriz, alcanzó récords de producciones y logró muy altos niveles de calidad, con integraciones de componentes nacionales superiores al 90 %, llegándose en algunos modelos al 100 %; además de lo cual las exportaciones a Íbero América fueron crecientemente importantes.
Pero irrumpió el siniestro “proceso” en 1976, y con la cobertura de las bayonetas, cooptadas por el por entonces flamante neoliberalismo, Martínez De Hoz, sus “Chicago’s Boys” y sus sucesores, emprendieron con saña feroz y total falta de patriotismo, la tarea de hacer involucionar social y económicamente a Argentina a las tenebrosidades feudales del modelo agroexportador anti industrial, que había sido impuesto por el mitrismo desde mediados del siglo XIX.
El período de seis décadas largas de liberalismo económico y exclusión social, fue impuesto por Mitre después de Pavón, bajo el rótulo pomposo de Organización Nacional; años en los cuales bajo formalidades independientes, operábamos como colonia político – económica británica, con la complacencia de las ahítas y todo poderosas oligarquías agro ganaderas.
Por eso, no fue casual que Videla y sus acólitos, con las oligarquías ultra conservadoras “endulzándoles” los oídos, hayan autodenominado a ese golpe de Estado como el Proceso de Reorganización Nacional, como autoproclamados sucesores “naturales” del mitrismo.
Bajo la pantalla de la “lucha contra la subversión marxista”, el verdadero enemigo al que pretendían pulverizar, era el peronismo, y con él, barrer todo vestigio de políticas de gobierno activas, inclusivas, industrialistas, y con contenido social y popular.
Para ello, se dieron a la tarea de desarticular la industria, no solo por no ser afín al “libre cambio” ultra liberal y la perversa doctrina de “producir de acuerdo a las potencialidades naturales” (excusa pseudo científica para atornillarnos a la producción primaria pampeana), sino también para desarticular al por entonces poderoso sector obrero, en su mayoría “incómodamente” peronista –con matices- en su gran mayoría.
Con las “recetas” habituales de los liberales, se dieron privilegios y “negocios fáciles” a riesgo cero, a los especuladores financieros, con apertura de importaciones, quita total a todo estímulo a las exportaciones industriales, congelamiento de salarios, achicamiento brutal del Estado, destrucción o privatización de los entes y empresas del Estado, y acciones similares; todo en el marco de severas represiones, que incluso hicieron desaparecer a muchos de los que osaran oponerse a ese modelo socio económico, como dirigentes gremiales, empresarios, intelectuales, etc., casi todos ellos sin vestigio alguno de ser “izquierdistas” ni “subversivos”.
Es que el obrero industrial, por lo general bien pago, protegido por su sindicato, agrupado en grandes unidades productivas que como efecto secundario no deseado por ciertas élites oligárquicas, favorecen la interacción y eventuales acciones de defensa de los salarios y las condiciones de trabajo; en todo ese contexto pasa a ser un problema casi insoluble para sectores poderosos de mentalidad feudal, acostumbrados a cosificar a sus peones y mantenerlos sumisos e indefensos. Para esos poderosos, los obreros industriales son “malos ejemplos” que desean erradicar al como sea, sin importar si con ello se llevan puesta a toda la estructura industrial y nos subordinan como dóciles colonias de las potencias tradicionales (América del Norte, la Unión Europea y Japón), o en el futuro cercano a otras potencias con similares apetencias colonialistas.
En ese contexto, el neoliberalismo del “proceso”, de un plumazo y de la mano del ruralista Martínez De Hoz, cerró la fábrica estatal de los utilitarios Rastrojero, que eran íconos de la producción nacional. Y lo hizo cuando estaban comenzando a producir variedad de modelos, sobre la base remozada del tradicional utilitario liviano, cancelando un automotor de cuatro puertas, pensado como taxi o vehículo familiar, y una versión 4x4 del utilitario, de simple y doble cabina.
Pero fueron más allá, pues a comienzos de los ’80, por primera vez desde que se promocionó la industria automotriz, se autorizaron importaciones masivas de vehículos, que inundaron el mercado argentino, ya reducido antes a consecuencia de los bajos salarios y la concentración de la riqueza.
Rápidamente, de una producción anual que rozó las 500.000 unidades anuales a mediados de los ’70, se involucionó a poco más de 100.000 unidades, e incluso hubo severos riesgos de quedarnos completamente sin esa dinámica rama industrial.
En los años ’90, con los mismos economistas que hoy achican la economía, se achicó acentuadamente el porcentaje de integración nacional de los automotores producidos localmente, a la vez que varias plantas dejaban de producir camiones (Chevrolet, Ford, Dodge, Mercedes Benz), sea por cierres de plantas, o por trasladar sus producciones, parcial o totalmente a Brasil. La oligarquía campera, satisfecha; los mercenarios de la comunicación y de la economía, exultantes. Volvíamos a ser un “país normal” casi solo agro ganadero, ahora con el agregado de la minería, pero con la industria en proceso de agonía irreversible.
Con el país en proceso de disolución, con la severísima crisis de 2001/2002, inducida por los grandes poderes financieros, casi de milagro sorteamos un caos descomunal, e impensadamente nos recuperamos muy rápidamente, al implementarse medidas socio económicas de claro perfil keynesiano, con un Estado Nacional activo e involucrado en el desarrollo.
Recuperamos ramas industriales extinguidas en los años ’90, creció todo el aparato industrial y se fomentó el desarrollo tecnológico, incluso en sectores de punta, como el nuclear, el satelital, el de vectores de satélites (cohetería), genética, medicina, nano tecnología, electrónica, etc.
Dentro de ese contexto de desarrollo integral, se recompuso fuertemente la industria automotriz, generándose muchas y variadas inversiones, si bien el sensible tema de las autopartes, solo se reconstituyó parcialmente, continuando los altos porcentajes de insumos importados, consecuencia remanente de los años ’90. 
Un tema importante fue la rápida reacción estatal, cuando la aspirador de inversiones que es Brasil casi tuvo como consecuencia el cierra de la planta local de camiones pesados Iveco, lo cual no solo se evitó al implementarse una línea de créditos blandos, del Banco Nación, exclusiva para camiones de industria argentina, lo cual evitó el éxodo de Iveco, y motivó a Mercedes Benz a volver a producir acá camiones medianos y semi pesados, además que facilitó la instalación de Agrale, para producir chasis para ómnibus urbanos.
Vuelto al poder el neoliberalismo rampante, ahora en un gobierno de CEOs, en buena parte impuesto por el poder mediático, hemos vuelto a un proceso de involución forzosa.
Ante el prematuro agotamiento de un modelo destructivo, carente de lógica económica, queda abierto el interrogante si esta vez el establishment logrará su cometido de volvernos de bruces a la economía primaria del siglo XIX, o si volveremos a renacer, como el Ave Fénix.
Solo Dios sabe hoy la respuesta.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

domingo, 26 de febrero de 2017

DESTRUCCIONES IMPIADOSAS – INVOLUCIONANDO DE PATRIA A COLONIA
La destrucción sistemática socio económica que en Argentina siempre fue consecuencia de la aplicación de políticas liberales a ultranza, permitiría escribir no solo un libro al respecto, sino una enciclopedia de las mezquindades oligárquicas y de las infames traiciones a la patria de las clases dominantes y de arribistas de todo tipo. Y ese concepto no se invalida con el crecimiento sin desarrollo, que se experimentó en “las épocas de vacas gordas” de la segunda mitad del siglo XIX, cuando los precios de las materias primas estaban en auge, y las producciones primarias crecían en nuestro país, al compás de la expansión de las fronteras agropecuarias de la Pampa Húmeda.
De allí los conceptos encontrados que surgen según como se analiza la realidad y los pomposos festejos del Centenario (1910), que mostraba un país aparentemente rico, con una capital fastuosa (“la París de Sudamérica” decían entonces) que escondía la miseria en los arrabales y conventillos; mientras que casi todo el interior vegetaba en el abandono y la exclusión, con la riqueza concentrándose obscenamente en medio centenar o poco más de familias del pseudo “patriciado” de la oligarquía –herederos de las apropiaciones de enormes extensiones de campos (perpetrada desde épocas de Mitre y Sarmiento, cuando mediante amañados “títulos de propiedad” acapararon la mayor parte de los muy ricos suelos de la Pampa Húmeda); todo en medio de opulentos festejos que ocultaban al pobrerío “para no dar mala imagen” a los europeos invitados al festín.
Tampoco se mostraban los indicadores sanitarios reflejados en los exámenes médicos de los convocados a la “colimba” (*), que mostraban coeficientes espantosos de desnutrición, enfermedades crónicas e infecciosas, consecuente baja estatura y reducidos físicos, analfabetismo total o funcional, y otras miserias indicadoras de profunda degradación social.
“La Argentina grandiosa del Centenario”, proclamó conceptualmente en un improvisado discurso un General, seguramente bien intencionado y buen tipo, pero muy mal informado en Historia Argentina, dando muestras de la severa confusión conceptual instalada por los historiadores mitristas, los protegidos y “bendecidos” por el academicismo complaciente. “Argentina grandiosa” que era furgón de cola del Imperio Británico.
Eran los “tiempos de la república” declamada, que apenas ocultaba la estructura semifeudal, de la democracia meramente formalista, aquella del voto cantado y de todo tipo de presiones para evitar que el poder escapara de los sectores ultra conservadores. Total la plata entraba a raudales, de la mano de crecientes cosechas y de las ampliaciones de las exportaciones cárnicas, favorecidas por las mejoras tecnológicas importadas de Gran Bretaña y EEUU. Pero así como entraba, salía para pagar deudas externas absurdas e innecesarias, para solventar importaciones de lujos y extravagancias de la oligarquía (como los grandes palacios de tipo europeo construidos en Buenos Aires, en los que todo ¡hasta los ladrillos! era importado). Cero promociones de la industria argentina, ninguna intención seria de industrializarnos y desarrollarnos tecnológicamente.
Es que en Argentina faltó y falta el sector empresario con sentido de grandeza nacional (hubo y hay excepciones); el sector que los sociólogos llaman “la burguesía nacional”. Solo está omnipresente la oligarquía, con sus facetas clasistas con profundos toques racistas, su cerrazón mental, su egoísmo de clase, su pseudo patriotismo de opereta, su subordinación explícita y gustosa a los anglosajones, a los europeos occidentales en general y al “gran país del norte”, y su profundo desprecio visceral a todo desarrollo industrial y tecnológico nacional.
Incluso muchos industriales, al crecer, adoptan las pautas mentales de la oligarquía, y en otros casos son derivaciones, llamadas con mucha propiedad “la oligarquía diversificada” (oligarcas camperos, que incursionan en actividades industriales, pero con las limitaciones y cerrazones mentales propias de la oligarquía).
Cada vez que llegó al poder formal (pues nunca dejó su poderosa cuota de “poder detrás del trono”), la oligarquía desplegó brutales acciones de industricidio, pues aborrece a la industria, en parte por cerrazón mental doctrinaria, pues se considera “heredera y merecedora” del dogmatismo liberal dieciochesco, en su versión más cruda (repiten las mentiras al cuento de Adam Smith, cuan verdades bíblicas reveladas); y en buena parte por egoísmo puro, pues como esa minoría está ahíta de riqueza y poder, no quiere que nada cambie, y le molesta y horroriza que los obreros industriales tengan buenos salarios y buenas condiciones laborales, los cuales son “malos ejemplos” para la humilde peonada de pata’ l suelo, esa buena gente que los oligarcas están habituados a tratar como a cosas, como a meros objetos desechables y despreciables, y con bajísimos salarios, entre los peores del país.
En los hechos, a la oligarquía campera y sus derivados, poco y nada le interesa la soberanía ni la dignidad nacional. Se sienten muy a gusto explícitamente subordinados a la potencia dominante de turno, tal como lo demostraron repetidamente, tal vez nunca tan crudamente como en el vergonzoso Pacto Roca – Runciman de 1933, solo igualado en infamia con las explícitas acciones actuales de entrega de soberanía en Malvinas, el Mar Argentino, la Antártida Argentina, y el debilitamiento de La Patagonia como paso previo a la mansa resignación de soberanía en esas hermosas vastedades australes de nuestro territorio, amenazadas desde varios flancos, el más explícito por las acciones británicas con el mascarón de proa de los “mapuches” –etnia y cultura no locales, pues son araucanos no originarios de suelo argentino-, a los que financian y soliviantan, incluso con agitadores extranjeros mezclados con ellos.
En ese tremendo cuadro de disgregación en marcha, el actual gobierno nacional, de neoliberalismo rampante, no solo “mira para otro lado”, sino también abona con acciones tendientes al despoblamiento patagónico, como han sido las totalmente injustificadas paralizaciones de las dos grandes hidroeléctricas en Santa Cruz; la destrucción y desmantelamiento adrede de la industria electrónica y la de otros artefactos eléctricos en Tierra Del Fuego; los despidos y achicamientos de YPF, que impactaron principalmente en el sur patagónico; las burdas acciones presidenciales de “diplomacia chabacana” intentadas nada menos que ante el ajedrecista mayor de la geopolítica mundial que hoy es Vladimir Putin, que echaron por tierra la financiación de la hidroeléctrica Chihiuido I; la quiebra intencional de los productores de manzanas y peras del Alto Valle del Río Negro (al favorecer importaciones contra toda lógica y con total falta de espíritu patriótico); las paralizaciones de otras obras públicas; y el desmadre general provocado por el aluvión de importaciones, que afectan a todo el país, pero que especialmente están provocando el despoblamiento de la poco poblada Patagonia Argentina.
El cuadro general es muy grave y preocupante, pues vastos sectores de la confusa clase media, están adormecidos por las persistentes acciones mediáticas de distracción y engaño masivo; en el ámbito académico universitario, las acciones de zapa de personeros del neoliberalismo, aliados con "progresistas” trotskistas, anarquistas y otros similares, cierran filas en contra de los que pretendemos en igualdad de condiciones abrir las mentes con espíritu crítico, para pensar fundamentadamente acerca del Pensamiento Nacional y otras escuelas económicas por fuera del liberalismo y de su derivado el marxismo; muchos de los sectores autodefinidos como “de las izquierdas” caen en las redes de falacias severas del indigenismo, del ultra ecologismo, y otras, instigadas por ONGs y Fundaciones, que por lo general siguen los discursos prearmados por bien financiadas ONGs transnacionales –en muchos casos británicas- dedicadas a promover nuestra disgregación nacional y nuestro subdesarrollo permanente; mientras amplios sectores de las FFAA y FFSS demuestran adolecer severas carencias de formación histórica y geopolítica, con lo cual caen en confusiones doctrinales y conceptuales, que no por casualidad evidencian haber sido instaladasa partir de la doctrina de la seguridad nacional, impuesta por cursos de “capacitación” (adoctrinamiento y subordinación mental) de la Escuela de las Américas y similares.
Preocupante panorama, en el que la censura de pensamiento implícita en el accionar de los medios de comunicación concentrados que responden a la oligarquía y a mandantes foráneos, pretenden amordazar a cualquier pensamiento y voz disidente, no alineada con el “pensamiento políticamente correcto”.
Y para “aplicar correctivos” están algunos sectores judiciales, prestos a acciones unidireccionales contra los díscolos, mientras sobreseen o dejan prescribir causas indefendibles de personeros del neoliberalismo, temas en los cuales el actual presidente y sus colaboradores directos evidencian tener gran experiencia. Si algún juez o fiscal no se presta a ejecutar acciones “judicialmente correctas” o a mirar para otro lado, se los persigue e incluso se los amenaza. 
Para periodistas, dirigentes gremiales y políticos que no se subordinan al establishment, se constataron numerosas acciones de agresiones físicas y violencias explícitas, que tienen el sello distintivo de patotas y de cierta “mano de obra desocupada” al estilo procesero, la cual incluso incursiona en operativos de “empiojamiento” de las redes sociales, como un alto oficial retirado que comanda acciones de trols, recientemente descubierto. Personajes como ese, definen la tipología de los “patrioteros de bandera”, que suelen gritar a voz en cuello su declamado patriotismo ante el himno y la bandera, pero se prestan a colaborar gustosos con los apátridas que destruyen el tejido socio económico nacional, operando a favor de las potencias neocolonialistas y los grandes poderes financieros transnacionales…pero algunos de ellos, de tan colonizados mentales, ni se dan cuenta del triste papel de Poncio Pilatos que hacen.
Pero Argentina logró superar otros períodos nefastos de nuestra historia. Si abrimos las mentes, ablandamos algunos duros corazones, y fortalecemos espíritus creando Conciencia Nacional, podremos resurgir como Nación digna y soberana. El riesgo muy claro, de no concretarlo; es la amenazante disolución nacional y nuestra involución a un puñado de dóciles republiquetas, manejables a control remoto desde centros de poder globalizantes del exterior.
(*) Coloquialmente definía a quienes cumplían con el servicio militar obligatorio.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

lunes, 20 de febrero de 2017

LOS QUE SIGUEN ANCLADOS EN LOS AÑOS 70.
Ningún país serio y con vocación de grandeza puede prescindir de sus Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad. Eso es una verdad elemental, en todo sentido, pero mucho más si se analiza el tema con criterio y visión geopolítica.
En Argentina, particularmente, es históricamente cierto e irrefutable, que “el Ejército nació con La Patria”, pues fue creado para repeler las agresiones británicas, y luego fue parte esencial de la Revolución de Mayo y las luchas por la Independencia, hasta 1824.
Por ende, las Instituciones militares y de seguridad son esenciales e irreemplazables. Queda en claro, consecuentemente, que estas reflexiones de ningún modo pueden calificarse como “antimilitaristas”, descalificación rápida e irreflexiva que con notable superficialidad esgrimen los que usualmente no entienden nada de lo que se diferencie, así sea mínimamente, del “formato” que tienen incorporado como lo único “militarmente correcto”; erróneos dogmas grabados a fuego en sus neuronas, en el “proceso”.
Formato político – militar, que en Argentina se instauró excluyentemente desde 1955, se enfatizó en los años ’60 (cuando López Aufranc habría quemado toda la bibliografía de contenido Nacional en los Institutos Militares, para que nada contradiga los dogmas liberales), y se institucionalizó desde los años ’70, sobre la base de los cursos de adoctrinamiento político (aderezados como cursos de capacitación) implementados por la Escuela de las Américas, para copiarse en cascada en diversos instructivos y cursos internos, de forma tal de intentar tener cooptados los pensamientos y enfatizando que “el” enemigo, prácticamente único y severamente demonizado, quedó señalado en “el comunismo” y en todo lo que –a criterios muy cerrados- pudiera parecérsele, por caso el cooperativismo, o todo lo que rozara lo social, lo comunitario, etc.
Se hizo creer que éramos parte del mundo “libre, occidental y cristiano”, que no era ni es libre, ni occidental ni cristiano…pero analizar esto en profundidad requeriría al menos otro artículo.
El ejemplo “impoluto” a seguir, era “el gran país del norte”, aberración conceptual que hasta los egresados liceístas suelen repetir como verdad revelada; al punto tal que muchos retirados y muchos liceístas, en el subconsciente evidencian sentirse tan identificados con EEUU y Europa Occidental, que para ellos la argentinidad es algo accesorio casi desechable, o al menos subordinado a aquel “sentimiento principal”. Mientras, para La Marina, La Rubia Albión seguía -¡y aun sigue!- siendo su referencia indiscutible, por supuesto desconociendo las continuas agresiones e injerencias sutiles o desembozadas de los británicos a lo largo de nuestra historia, manejando los hilos de nuestra política y nuestra
economía, en la balcanización del enorme territorio del Virreinato del Río de la Plata, del cual somos herederos históricos indiscutidos, y “minimizando” la ocupación manu militari de Malvinas, Sandwiches del Sur y Georgias del Sur, además de las pretensiones británicas sobre todo el territorio de la Antártida 
Argentina; y de las acciones de zapa, semiencubiertas, que buscan quitarnos La Patagonia, indigenismo y neoliberalismo mediante. Al menos dos libros, escritos después de la Guerra Del Atlántico Sur, prueban el grado de subordinación mental del que adolecen al menos algunos altos oficiales de la Marina Argentina.
Tan serio y pernicioso resultó ese proceso de adoctrinamiento, que en muchos casos, implícitamente quedó grabada la subordinación mental total a EEUU y a Europa Occidental. Como notas de color, pero que hacen al tema, menciono dos casos anecdóticos muy claros: 1) en pleno “proceso”, un alto oficial de La Marina, que oficiaba de Ministro de Economía de Misiones, se refirió al cooperativismo como “ese engendro comunista” (aberración conceptual que no amerita mayores explicaciones); 2) pocos años atrás, en unas jornadas de la Diplomatura en Geopolítica, dictada en Posadas, un alto oficial de una fuerza de seguridad, cuando se analizaban los cambios que están verificándose en el tablero geopolítico mundial, con el resurgimiento ruso, la fuerte y creciente influencia china y el rol relevante de los BRICS; ese alto oficial, exultante exclamó “pero yo pienso que ‘nos conviene’ depender de EEUU” (sic); ni se le pasó por la mente, que el objetivo concreto debe ser no depender de nadie, pero ese pensamiento de corte nacional, no está en el “chip” que le instalaron en su cerebro; lo entrenaron para que su “nacionalismo” esté subordinado mentalmente a EEUU.
La clave de esas dos anécdotas (y muchas más que sería interminable relatar), que no por casualidad se tapan, pues resultan “inconvenientes” para los poderes establecidos del neoliberalismo; y su solución, es volver a la Doctrina de la Defensa Nacional de la Ley Riccheri, dejando de lado definitivamente la muy nefasta doctrina de la seguridad nacional. Doctrina esta última elaborada a medida de los intereses de las potencias colonialistas imperiales, e impuesta en su momento a Íbero América como pensamiento único y excluyente, por los Centros de Poder de EEUU y Gran Bretaña.
Todo eso constituyó un masivo proceso de cooptación mental, manipulando e instalando enfoques cerrados, de tipo doctrinario binario, del formato “amigo-enemigo” excluyente de visiones más amplias, razonadas y que con lógica deberían contemplar otros criterios que involucren capacidad de razonamiento sin 
preconceptos, y que tengan como prioridad absoluta la Soberanía Nacional.
Como además la doctrina de la seguridad nacional, se instaló como
pensamiento único, en un marco de violencias cruzadas en los “años de plomo” de la guerrilla y la contrainsurgencia, sus pautas doctrinarias calaron muy hondo y en muchos se instalaron como pensamiento único admisible, a tal punto que el mero 
cuestionamiento, así sea muy bien fundamentado, genera rechazo visceral,
puramente emotivo y proclive a la violencia fácil contra los emisores de “pensamiento sacrílegos” que puedan cuestionar aquellas supuestas “verdades absolutas”.
En las mentes más simples, todo cuestionamiento es absurda e
irreflexivamente calificado de “antimilitarismo” sospechoso de “subversivo” o “comunista”. Y en los que se podría suponer más capacitados, como muchos oficiales del espectro de los retirados, cualquier tipo de razonamiento estratégico suele conducir, por abstrusos mecanismos mentales inculcados profundamente, a reflexiones pretendidamente muy sesudas, ancladas en los ’70, que focalizan todos los males en “la subversión marxista”, que para esas mentalidades obtusadas por años de repeticiones conceptuales constantes, termina siendo “el” enemigo, único y excluyente.
Siendo más claro: abundan los análisis “de la actualidad”, con mayor o menor profundidad, efectuados por oficiales retirados consustanciados con “el proceso” y por civiles del mismo sesgo doctrinal, que luego de ciertas menciones a hechos actuales, terminan indefectiblemente echando las culpas o las sospechas “al comunismo internacional” (o conceptos asociados), mientras surfean torpemente eludiendo por completo toda evaluación profunda actual nacional, ¡y ni cuestionan al neoliberalismo apátrida ni a sus personeros locales e internacionales!
Ni se les cruza por la mente analizar las agresiones constantes, mediante acciones de “guerras blandas”, a las que somos sometidos a diario por las  Potencias Atlantistas y por los mega poderes financieros transnacionales.
Tan cerrados son algunos criterios, tan obtusos en su forma de “pensar” condicionada al extremo, que ni siquiera advierten que la realidad mundial es hoy muy diferente a la imperante hace casi medio siglo atrás.
En ese contexto de severa colonización cultural, omiten considerar, y se enfurecen si se los menciona, que el motivo y objetivo real de perpetración del “proceso”, fue instalar el neoliberalismo salvaje en Argentina, y que para garantizar todas las tropelías de los personeros de esa doctrina económica, lamentablemente, las FFAA y FFSS tuvieron el muy indecoroso rol de fuerzas de ocupación al servicio del neoliberalismo y de las severas pautas del Consenso de Washington; que nos endeudaron brutalmente, afectaron profundamente el tejido social nacional, y atacaron con saña toda la estructura industrial y tecnológica argentina, formateándonos como dócil colonia de los poderes plutocráticos mundiales y de las Potencias del G 7, las que son sedes y Estados funcionales a esos factores de poder globalizantes de las finanzas transnacionales.
Tampoco saben, y dudosamente lo estudien, que “el proceso” fue
totalmente funcional a la evaluación de Harry S. Ferns, cuando expresó que la única forma de desarticular los notables avances socio económicos logrados por el peronismo, era mediante el estallido de una guerra civil y sus profundas fracturas, a la cual nos empujaron de hecho Gran Bretaña y EEUU, entre otros, en esos aciagos años. Hoy los fervorosos “proceseros” ni son conscientes de todo ello.
Esos confusos anclados en los años ’70, suelen emocionarse fácil con las formalidades huecas, como algún desfile con mucha promoción presidencial neoliberal ¿se entiende el concepto, no?; pero parecen “no darse cuenta” de las terribles consecuencias de las acciones de entrega y resignación de soberanía explícitamente tramitadas, en lo que hace al Mar Argentino, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, La Antártida Argentina, e incluso La Patagonia, cuyo despoblamiento acelerado fogonea y provoca el neoliberalismo hoy nuevamente gobernante en Argentina.
Es tarea ardua intentar hacer entender a los dogmáticos “proceseros” y otros retirados que piensan en forma similar a aquellos, que la soberanía no se agota en el himno y la bandera; y que defender la industria nacional, la tecnología argentina, la concepción geopolítica de la Patria Grande, el necesario rearme sin depender de tecnologías de la OTAN, la salud e instrucción de la población, los acuerdos económicos y de defensa extra OTAN (principalmente con China y Rusia, por elementales principios de Geopolítica), hacen a la esencia concreta del tema.
Por cierto, esos confusos sectores militares, anclados en los años ’70, lejos están de los pensamientos y acciones señeras, que con patriotismo y desinterés personal, concretaron grandes militares que son referencias indiscutibles de defensa clara e insobornable de los Intereses Nacionales, como Riccheri, Mosconi, Baldrich, Savio, Perón, Guglialmelli, Rodríguez Zía y otros muchos, no por casualidad hoy “olvidados” y fuera de toda mención.
Por el contrario, con dudosa inocencia, siguen exaltando a Aramburu (cuyo nombre provocativamente tiene la propia Escuela de Infantería del Ejército) y Rojas (ambos fusiladores contumaces y claramente actuantes instigados por los británicos en el golpe de Estado de 1955), Videla y otros (funcionales a los designios del Departamento de Estado, de Downing Street 10 y de Wall Street).
Ese estado de profundas confusiones doctrinales, también afecta a vastos sectores de las clases medias, pero es mucho más preocupante y pernicioso en el ámbito militar, pues por formación y vocación, el auténtico patriotismo bien fundamentado y no el mero patrioterismo fuera de foco, debería ser el eje del pensamiento castrense. Por cierto muchos reflexionan, se cuestionan e intentan analizar el todo con visión actual, con fundamentos y objetividad. Pero otros muchos siguen prestando oídos y credulidad, a los enrevesados argumentos de muy confusos liberales, que bajo pátinas de pseudo nacionalismo, en rigor son funcionales a los sectores de poder, que nos quieren sumisos y subdesarrollados.
Descarnado y doloroso análisis de un aspecto poco evaluado de la realidad nacional, que de no rectificarse, nos lleva directo a la disolución nacional, a la cual también abonan sectores de las “progresías” huecas, enroladas en el indigenismo, el ecologismo, el derecho humanismo y otros instrumentos de guerras blandas, operados hábilmente por Gran Bretaña y las demás potencias atlantistas.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

lunes, 13 de febrero de 2017

TORNIQUETE ANTI INDUSTRIAL – PROVOCANDO GANGRENA PARA AMPUTAR
Medidas forzadas que dan el contexto actual acentuadamente regresivo:
- Abrupta apertura muy acentuada de las importaciones.
- Acentuación exacerbada de la desprotección casi total del mercado interno.
- Achicamiento del mercado consumidor nacional, ante las múltiples tenazas de: a) caída sensible del poder adquisitivo de los salarios; b) aumento acentuado de la desocupación, ocasionado por los despidos masivos del sector público, y los achicamientos de las actividades privadas; c) encarecimiento muy acentuado de la financiación, lo cual atenta contra eventuales decisiones de compras; d) pésimas perspectivas a futuro, por acentuarse el plan económico neoliberal, lo cual desalienta o hace posponer posibles compras.
- Creciente atraso de la paridad cambiaria, producto de la alta inflación y del artificial congelamiento de la “nueva” valuación del dólar; lo que desalienta nuestras exportaciones y facilita enormemente las importaciones masivas e indiscriminadas.
- Implementación rápida de otras medidas de apertura importadora indiscriminada, como las compras en el exterior con entrega a domicilio.
- Desaliento explícito a la industria, por actitudes y afirmaciones negativas de diversos funcionarios de altos rangos, desde la vicepresidenta, ministros y otros. Con todas las letras, dijeron: “Argentina no debe tener industrias”, y lo están perpetrando con alevosía, total falta de sensibilidad social y desprecio total por la soberanía argentina.
- Muestras clarad de total insensibilidad social y de desprecio a la industria, por parte del actual gobierno, con su coro de comunicadores y trols mediáticos, tapando esa cruda realidad con todo tipo de operaciones de distracción de la opinión pública.
Las precedentes, son las principales acciones de industricidio impiadoso del actual gobierno neoliberal, ejecutado con una ferocidad institucional que supera el formato de los toscos verdugos medievales; los actuales, trajeados y de buenos modales formales, verdugos de lapiceras, carpetazos y decretazos; sus precedentes medievales, insensibles fortachones sudorosos y manchados de
sangre, esgrimiendo hachas o espadas de cadalsos. Parecen diferentes, pero en el fondo son la misma cosa…verdugos insensibles amparados por el poder oficial.
Y no es una figura retórica, pues los industricidas provocan pobreza, hambre, enfermedades propias de ese entorno de carencias, depresiones, desesperanza en grado superlativo, suicidios, destrucciones de familias, y con ello todos los males de la miseria. Además de atacar los Intereses Nacionales, al debilitarnos estratégicamente, pues un país sin industrias ni tecnologías propias, es en extremo vulnerable y pasa a ser irrelevante.
Una breve y contundente frase de Friedrich List define el triste rol al que nos están llevando a los empujones los neoliberales que hoy coparon el gobierno argentino, con una insensibilidad social y una carencia de valores nacionales, que más parecería propia de esclavistas dirigiendo una posesión colonial, que funcionarios públicos de un país formalmente independiente, pero al que llevan al rol de simple colonia económica, o peor aun, lo empujan a una potencialmente irreversible balcanización. Decía conceptualmente List: un país sin industrias es como un hombre sin un brazo, en seria desventaja para trabajar y para defenderse.
List fue un gran patriota y enorme intelectual del siglo XIX, cuyas ideas fueron las bases sobre las que se asentaron los procesos de industrialización acelerada y desarrollo tecnológico de su patria natal, Alemania; y su patria de adopción, EEUU, adonde debió emigrar acosado por sectores oligárquicos y retardatarios de los pequeños reinos germánicos de estructuras casi feudales, anteriores a la unificación político económica. Sus pensamientos y acciones excedieron en mucho lo económico y político, siendo además un notable geopolítico que luchó por la unificación de su país natal, fragmentado en múltiples mini Estados muy atrasados, al punto tal que antes de la unificación y rápida industrialización, Alemania era una simple referencia geográfica, y los principales rubros de exportaciones de esos reinos eran maderas, trigo, otros productos primarios…y “carne humana” con uniformes de mercenarios, los que eran reclutados por la fuerza y puestos como eficientes soldados al mejor postor, a las órdenes de los Estados que los solicitaran y a los corruptos reyes y nobles de aquellos mini reinos germánicos.
Otto von Bismarck fue el severo, duro y patriota Canciller que unificó y refundó su patria, aplicando básicamente las ideas de List.
En EEUU, las ideas del pensador germano, fueron aplicadas por Hamilton (que terminó siendo asesinado, seguramente por encargo del establishment ultra conservador) y por sus sucesores; ideas progresistas y superadoras, que una vez vencido el Sur esclavista, oligárquico y de economía primaria subordinada a Gran Bretaña, transformaron al país de un contexto atrasado, de economía primaria, al que querían regresar los esclavistas sureños, en la gran potencia que llegó a ser pocas décadas después.
Si fuera por las “condiciones naturales”, EEUU solo produciría cereales, algodón y carnes, y tal vez hidrocarburos; mientras que Alemania, una vez talados todos sus bosques, solo produciría papas y trigo.
Otros países que sucesivamente se industrializaron y tecnificaron, con lo que se fortalecieron pasando a ser referentes del poder mundial, y a la vez salieron del subdesarrollo, mejorando acentuadamente los niveles de sus poblaciones, también aplicaron en lo básico las mismas ideas – fuerza desarrolladas por F. List.
Tales los casos de Francia, Bélgica, Italia y Japón, en el siglo XIX; Corea del Sur y los otros tres “Tigres Asiáticos” avanzado el siglo XX; luego China e India (que entre otros muchos logros, terminaron con las “epidemias” de grandes hambrunas que diezmaban a sus poblaciones); y más recientemente varios países del Sudeste y Sur de Asia, entre otros.
Si fuera por las “condiciones naturales”, Japón y Corea del Sur, “deberían” haberse ceñido a sus ancestrales roles de grandes productores de arroz, y no “perder tiempo ni energías” en desarrollos industriales y tecnológicos; y ejemplos casi calcados caben para todos los otros países, que dejaron de hacer caso a los cantos de sirena de Adam Smith y sus sucesores, promotores a ultranza del liberalismo económico.
Por algo, con su certera pluma, F. List dijo; “Adam Smith es un conquistador más temible que Napoleón”, duro pensamiento expresado cuando aun estaban frescas las tropelías cometidas por las altivas tropas francesas que sucesivamente habían invadido toda la Europa Continental; solo siendo impedidos de invadir Gran Bretaña, y solo rechazados con éxito por la extensa y gélida Rusia; así como expulsados por el bravío pueblo español, con asistencia británica.
Volviendo al caso argentino, no es nuevo que la retrógrada oligarquía tradicional campera –con su ícono principal la Sociedad Rural-, se oponga e incluso ataque con ferocidad y excluyente egoísmo, a las estructuras industriales y de desarrollo tecnológico sucesivamente creadas y reconstruidas en Argentina.
Y esa oligarquía básicamente portuaria y pampeana, actúa con sus
ramificaciones en la “oligarquía diversificada” (*), y con sus socios y cómplices de ruta de los especuladores/importadores y los fuertes intereses del sector financiero y sus vinculaciones con los grandes poderes financieros transnacionales; todo los cuales son permanentes instigadores y gestores del subdesarrollo crónico y de la exclusión social, ambiente de miseria generalizada con mano de obra “docilizada” a fuerza de latigazos de desocupación generalizada y salarios de hambre, entorno en el cual evidencian sentirse muy a gusto esos sectores del poder concentrado tradicional y sus socios de ruta.
Esos sectores ultra conservadores, siempre se sintieron cómodos en su rol de subordinados a la potencia hegemónica de turno, primero Gran Bretaña, luego EEUU (si bien el viejo imperio nunca perdió su cuota subrepticia pero temible de influencias en los sectores del “patriciado” argentino.
Carecen del sentido de Patria como Estado independiente, y a lo sumo cultivan el patrioterismo formal, que no va más allá del himno y la bandera, pero carece de e incluso repudia toda noción real de patriotismo efectivo, el cual por lógica debe tener visión y objetivos geopolíticos propios, y como objetivo una economía desarrollada, diversificada, con un Estado Nacional activo, que impulse el desarrollo tecnológico propio y de actividades de punta, que como tales necesariamente terminan obrando como traccionadoras positivas del desarrollo general. 
Exactamente lo opuesto al regresivo rol amputador de la industria y
destructor del desarrollo tecnológico nacional, a los que mediante el feroz torniquete impuesto por la batería de medidas señaladas al comienzo, tiende a extinguir esas dinámicas ramas de la economía nacional, mediante la gangrena intencional que busca producir necrosis irreversible de esos sectores dinámicos y puntales del desarrollo, para así conformar a los dogmáticos del liberalismo extremo, a la rancia oligarquía de miope visión, y a los mandatos subyacentes de los poderes transnacionales, que buscan nuestra balcanización, para debilitarnos definitivamente y para abortar la gran idea fuerza de construir la Patria Grande, el gran imperativo geopolítico para Sudamérica, e incluso para Íbero América y El Caribe.
Es de verdaderos patriotas, apoyar a la Industria Argentina y a los Entes Tecnológicos, así como a las Empresas Estatales, todo lo cual busca ser barrido del mapa, por el neoliberalismo en su recargada versión actual.
(*) Oligarquía diversificada, define a la expansión de la oligarquía tradicional a actividades industriales, pero manteniendo la mentalidad ultra conservadora y no proclive a priorizar la industria. También comprende a sectores de la burguesía industrial o comercial, que incursionan en actividades industriales, pero resultan cooptados por la mentalidad oligárquica campera. Común a todos ellos es el énfasis en fugar divisas y aceptar dogmas político económicos ultra liberales. Conceptos de Eduardo Basualdo, en “Estudios de Historia Económica Argentina”.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos