Archivo del blog

jueves, 24 de abril de 2014

LA ANTIGEOPOLÍTICA DE LAS OLIGARQUÍAS DE ÍBERO AMÉRICA
Las oligarquías de Íbero América, formadas bajo la férrea pero a la vez sutil tutela del hoy alicaído imperio británico, se caracterizan por su asumido rol de subordinados a la potencia anglosajona de turno, antes Gran Bretaña, luego EEUU, y en los últimos años con genuflexa complacencia a los dictados e intereses del semi difuso concepto de “potencias occidentales”; lo cual llevado al lenguaje más directo, debe leerse como la dupla EEUU – UE.
Esa sumisión, que suele tener características de vergonzosa genuflexia (debidamente ocultada por huecas menciones a “la democracia”, “la libertad”, “los valores occidentales”, y similares), se extienden o amplían a entidades vinculadas, como la OTAN, el FMI, la mega Banca transnacional de esos orígenes y bases operativas, y otras entidades de similares orígenes y objetivos.
Más claramente, esas oligarquías, con las complicidades y subordinaciones culturales del “progresismo” antinacional (que en Argentina se define como “mitro-marxista” y otros mercenarios anarco-marxistas, prestos a consumar piquetes y otros desmanes, o tareas de oposiciones psicológicas), están de hecho claramente alineadas y subordinadas a la troika neocolonialista del siglo XXI, formada por EEUU, Francia y Gran Bretaña, troika que puede tener algunos aliados menores, o aspirantes a sumarse a ese trío, como por ejemplo la España “comunitaria” (de la Comunidad Europea), que altaneramente dejó de lado posturas fraternales y respetuosas de décadas anteriores para con Hispano América, para adoptar tesituras arrogantes, invasoras e imperiales, cuando no abiertamente racistas (como el despectivo calificativo de “sudacas”); actitudes no solo anacrónicas, sino que claramente “le quedan grandes”; concepto ese aplicable a ciertas cúpulas dirigenciales oligárquico - liberales y sus claques mediáticas, pero no al buen pueblo español.
En esa línea de pensamiento, recientemente leí un artículo del Dr. Ricardo Lafferriere, titulado “Todos contra todos”; seguramente escrito de buena fe, de acuerdo a sus conocimientos y convicciones; pero no por eso deja de tener “mucha tela para cortar”, pues es un claro ejemplo de esas profundas limitaciones y confusiones doctrinales básicas, que suelen ser las consecuencias de las distorsiones y negatividades que resultan de la adhesión al liberalismo económico a ultranza (antinacional por antonomasia), y de autoasumida subordinación al colonialismo ideológico. Se podría, decir cargado de un "pacifismo" que no condice con el mundo real. Eso se desprende de su poca afortunada frase "El riesgo militar que implica la Unión Europea es inexistente". ¿Acaso puede desconocer las brutales agresiones de la UE contra Yugoeslavia, varios países del África Negra (por "los derechos humanos" y otras mentiras similares), contra Iraq, Libia, Siria, encubiertamente contra Ucrania...y sobre todo la agresiva permanente postura contra Argentina?
Y desmerecer las claras incomodidades que el accionar diplomático argentino de los últimos años, provoca en la altiva Gran Bretaña, es una actitud deplorable, que demuestra poner mezquinos intereses partidarios, por sobre los ALTOS INTERESES NACIONALES. Sobre todo considerando las enormes diferencias respecto al timorato e inocuo accionar del período delarruista, al entreguismo del menemato, y a las "contradicciones" o actitudes claramente negativas del alfonsinismo, en temas de enorme importancia geopolítica, como al frenar el Plan Nuclear Nacional (muy posiblemente ante presiones de “La Rubia Albión”), en una actitud que bien cabe calificar como de infame traición a la patria, en un accionar a la medida del objetivo permanente británic de obligar a la reprimarización forzosa de nuestra economía.
Justamente, curioso es, proviniendo el artículo que motivó el presente, de alguien con tanta experiencia política y diplomática; que todo su dudosamente fundamentado análisis lo sintetice en cuestiones regidas por política interna, aun refiriéndose a las múltiples y espinosas causas de la crisis de Ucrania; dejando a un lado las altas consideraciones geopolíticas, que son siempre bien analizadas y muy tenidas en cuenta por las grandes potencias y las que pretenden serlo.
Posturas como esa, de notable superficialidad conceptual, de ser creídas o adoptadas como bases de acciones, son muy perjudiciales para los intereses argentinos; y lamentablemente, suelen ser moneda corriente en el anacronismo de enfoques y serias limitaciones (o peor aún cómplices actitudes carentes de patriotismo), del reducido pero siempre poderoso establishment ultra conservador en lo político (de anacrónico anclaje decimonómico), y dogmáticamente liberal en lo económico (haciendo profesión de “fe económica” dieciochesca, apegado al liberalismo clásico totalmente fuera de contexto real).
Por una parte, apenas suavizado por algunos eufemismos de ocasión, se lamenta (razonamiento propio de cipayos asumidos, y no de un sutil diplomático no carente de patriotismo), por lo que enrevesadamente considera el auto inducido abandono del monopolio de la supremacía de EEUU (¿¡!?), omitiendo la evidente realidad que pese a la voluntad imperial del establishment “occidental”; en verdad el poder omnímodo del breve Período Unipolar (década del ’90), se le está escurriendo en forma aparentemente irreversible. Y no es que “aparentemente nadie se hacer cargo del liderazgo”, sino que claramente, estamos en una conflictiva época de transición, en la cual las únicas certezas parecen ser los deterioros aparentemente irreversibles de los hasta hace poco ómnimodos poderes de la troika EEUU – UE – OTAN (con su ala financiera conformada por entes ad hoc: FMI – BM).
Con inexplicable candor –impropio en un diplomático- abona la peregrina e indefendible tesis que las injerencias e intervenciones armadas de la ex Potencia Unipolar (e implícitamente hoy de la troika neocolonialista del siglo XXI: EEUU, Gran Bretaña, Francia), se perpetran para mantener o buscar el “bien público mundial”. Postura de hecho tan cipaya, tan antinacional, como la de los caceroleros (piqueteros de la alta oligarquía argentina), que a viva voz clamaron por una intervención militar directa de los marines “del gran país del norte”, para –según sus enrevesados pensamientos- “restablecer las ‘libertades’ en Argentina”; lo cual es tan brutalmente incalificable, como si se consideraría “libertadoras” a las tropas inglesas que nos invadieron en 1806 y 1807. ¡Absurdo total!
         En el análisis del desarrollo de la crisis ucraniana y su interrelación con el contexto mundial, asume posturas que ni los mismos analistas serios y respetables de EEUU y la UE se atreven a afirmar. Sin ningún rubor ni atisbo de amplitud conceptual, arroja todas las culpas del candente tema de la Ucrania actual, cargando las tintas en el –implícitamente acusado- expansionismo o voracidad de Rusia. Pero nada dice ¿puede acaso ignorarlo? de las acciones de guerras blandas con fuertes injerencias en Ucrania, con financiaciones prácticamente explícitas de la dupla EEUU – UE, que instalaron un gobierno de facto, derribando al precedente gobierno constitucional; tampoco dice nada de las abiertas intromisiones de la diplomacia, los poderes financieros y las fortísimas presiones militares (al menos declamativas) de los sectores más agresivos de la nada homogénea Unión Europea, alineada por convicción o a la fuerza, detrás de las embestidas norteamericanas, todo ello realizado en el “formato” ya utilizado en Libia, Siria, Venezuela, y ahora Ucrania, entre otros.
         Todo ello simplificado en un análisis, que en la jerga criolla corriente, decimos, “ser más papista que el Papa”, por parte de ese analista, que seguramente no por casualidad publica en un medio electrónico que difunde el más reaccionario ideario ultra conservador y neoliberal, el mismo que –probadamente- tanto daño hizo a Argentina y a Íbero América.
         No es un dato menor constatar históricamente, que mientras que las oligarquías Íbero Americanas han sido casi constante egoístamente antinacionales (se asumieron como conductores forzosos de semi colonias económicas); otras oligarquías de viejos Estados con raíces varias veces centenarias, pese a defectos y egoísmos sectoriales, y muy a sus modos, no han dejado de defender los respectivos Intereses Nacionales.

CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLITICOS

lunes, 21 de abril de 2014

EÓLICAS Y SUS OSCUROS TRASFONDOS
La energía eólica no es apta para operar como energía de base de ningún sistema eléctrico. Ello es debido a sus características técnicas, pues al depender del viento (fenómeno natural no manejable por el ser humano) es aleatoria, tiene constantes oscilaciones de tensión, pues la velocidad del viento varía permanentemente, además de otra alteración técnica que son las armónicas; y por esas circunstancias, si su producción se inyectara directamente en las redes de transmisión, sin algún poderoso factor de estabilización, el voltaje recepcionado por los usuarios oscilaría constantemente incluso en forma muy acentuada, lo cual sería catastrófico para todos los artefactos electrodomésticos y equipos industriales conectados.
Eso implica que la energía eólica solo tiene el rol complementario, siendo más acentuadas aún las limitaciones de la energía solar.
Las únicas tres tecnologías aptas para funcionar como energías de base, son la termoeléctrica (quemando combustibles), la hidroeléctrica, y la nuclear.
La estabilización de la energía eólica, requiere un denso mallado en la red de transmisión (en el cual las centrales convencionales operan como factor de estabilización del voltaje), o en su defecto, que una o más centrales convencionales generen en paralelo, incluso produciendo en vacío (o sea no aportando permanentemente a la red), pero estando listas para estabilizar el sistema en cuanto se las requiera.
Graficando, sería como un tren de carga tirado por una locomotora, cuya potencia efectiva no puede ser controlada, acelerando y disminuyendo sin control, para controlar lo cual debería ir enganchada y en marcha otra locomotora, de funcionamiento manejable y previsible, que tirará del convoy cada vez que “falle” (muy frecuentemente) la locomotora inmanejable.
Por otra parte, los rendimientos operativos de las eólicas son bajos, motivo por el cual para producir –teóricamente, pues la aleatoriedad se mantiene-, similar volumen de energía que una central convencional de buen rendimiento, se debe cuadruplicar la potencia instalada. Eso implica multiplicar las inversiones, sin rendimientos acordes, ni fiables.
Siguiendo con el ejemplo del tren, si se decidiera –riesgosamente- prescindir de la locomotora convencional, se debería tener cuatro locomotoras no convencionales (“eólicas” en el ejemplo). Aun con las cuatro eólicas, el “tren” del ejemplo, no dejaría de funcionar “a los saltos”, sin marcha pareja.
A consecuencia de todo ello, la energía eólica es mucho más cara por KWh que la producida por cualquier tipo de centrales convencionales.
¿Y como se hace entonces para permitir integrar la energía eólica a un sistema eléctrico, si además de limitada técnicamente es muy cara? Muy simple, mediante una serie combinada de elevados subsidios (que los termina pagando indirectamente el contribuyente, o sea el ciudadano común), y una batería de otras “ventajas promocionales” desproporcionadas, que terminan teniendo carácter prebendario, de corte cuasi mafioso, pero muy solapado. Por caso, líneas de créditos fuertemente subvencionadas; privilegios exagerados para importar o producir; y sobre todo, la obligatoriedad de las empresas eléctricas de comprar toda la producción eólica (ídem la solar), aunque no la necesiten. Todo lo opuesto a lo eficiente y racional. A todo ello, en el caso español, trascendió –pero con sordina, y pronto se tapó- que hubo maniobras de facturaciones fantasmas, por energía facturada no generada y otras “lindezas” por el estilo.
En síntesis, cara y complicada, no solucionando los grandes problemas de abastecimiento. Pese a ello, el mundo, ávido de energía, también recurre a la generación eólica, como generación complementaria, y en los lugares donde existen buenas condiciones naturales (vientos permanentes…lo cual no es sinónimo de    constantes).
Pero las acciones de presión de los grupos económicos vinculados al negocio eólico (y sus varios “aliados” estratégicos: grupos ultra ecologistas, e incluso –notablemente- los intereses creados en torno a la generación termoeléctrica), desde hace algunas décadas presionan -hacen “lobby”- para imponer al como sea la generación eólica (y su “hermana menor”, la energía solar).
Las presiones no se limitan a las promociones a ultranza de la energía eólica (exagerando sus “virtudes”, y ocultando maliciosamente sus múltiples limitaciones y aspectos negativos). No, esos grupos de presión centran el accionar en la demonización de las competidoras “indeseables”, que son las centrales hidroeléctricas y nucleares, mientras que los mismos grupos de presión (ultraecologistas y similares), se cuidan muy bien de atacar a las centrales termoeléctricas, las grandes devoradoras de petróleo, gas y carbón; las cuales son precisamente las más contaminantes. ¡Contaminación que “curiosamente” no advierten los ecoterroristas y ecópatas (psicópatas de la ecología)!
Para los enceguecidos ecópatas, la ecología es una neoreligión pagana, y no toleran que se cuestionen sus dogmas, por más disparatados e incoherentes que sean, y se enfurecen cuando se ponen en evidencia sus charlatanerías huecas pero siempre agresivas y tiránicamente excluyentes de toda crítica.
Claro está que trascendieron –pero con escasa difusión- las connivencias entre las ONGs “ecologistas” transnacionales con las petroleras transnacionales anglosajonas. Favores mutuos mediante, se entiende por que las escandalosas ONGs como Greenpeace, FARN y WWF, entre otras, mientras montan circos mediáticos en contra de una petrolera estatal rusa que opera en el Ártico, y arman escándalos para entorpecer o impedir que Argentina explote los cuantiosos recursos de hidrocarburos no convencionales, guardan cómplices silencios ante la extracción de petróleo y gas no convencionales, en áreas protegidas de Alaska, entre muchos otros ejemplos similares de escandalosa doble vara.
Esas ONGs pseudo “ecologistas” que operan en Argentina, son mayoritariamente británicas, de la Unión Europea o alternativamente de EEUU; siendo actores de la guerra blanda constante con la que nos agreden el viejo imperio y sus socios del G 7, para sembrar confusiones, entorpecer el desarrollo, y erosionar el patriotismo al inculcar un etéreo “internacionalismo” amorfo, que deja de lado los problemas nacionales y sus concretas soluciones. Por caso, se “preocupan” por los osos polares y las ballenas, pero ni les importan los tremendos efectos de los agroquímicos en los cultivos de tabaco, entre tantos ejemplos de vaciamiento mental de los enceguecidos activistas, llevados de las narices por mercenarios a tiempos completos, que responden a rajatabla a directivas emanadas de los centros del poder extranjero transnacional.
Mediante un persistente campaña, de corte muy agresivo en Argentina, en la que se pudieron “verle las patas a la sota” a las financiaciones y presiones de ONGs transnacionales e incluso institucionales de la UE, para torcer voluntades, instalar confusiones conceptuales y otras tareas de cooptación psicológica, mediante las cuales pretenden forzar las inversiones masivas –de seguros pobres e incluso negativos resultados- de energía eólica, pretendiendo dictatorialmente, mediante maniobras de corte patotero-mafioso, impedir las muy necesarias inversiones y desarrollo tecnológicos nacionales de las energías nuclear e hidroeléctrica. El tema lo amplié técnicamente en mi libro “Los Profetas del Caos” (disponible en mi blog caoenergia.blogspot), y en numerosos artículos precedentes.
No es un tema menor, pues el corrosivo accionar sibilino de esas ONGs, tendientes a copar el poder, infiltrándose en diversos partidos políticos y en las estructuras estatales, para erosionar el Poder de Decisión del propio Estado, adquiere extrema peligrosidad, sobre todo por ser acciones encubiertas, disfrazadas bajo coberturas de supuestas y falsas “buenas intenciones”. Con esos medios, estuvieron cerca incluso de desarticular y balcanizar a Rusia en la década del ‘90, en una operatoria muy funcional a los oscuros intereses del G 7, y sobre todo a medida de las tres potencias neocolonialistas del siglo XXI: EEUU, Gran Bretaña, Francia, y sus aliados menores.
El tema será ampliado en sucesivos artículos, por las complejidades y múltiples ramificaciones del mismo, y en mérito a la brevedad de este escrito.

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

martes, 15 de abril de 2014

LIBIA, SIRIA Y UCRANIA NO ESTÁN TAN LEJOS
Podemos afirmar que en lo afectivo, esos tres países, de tres continentes lejanos en lo geográfico, están muy cerca de Argentina. Libia, por habernos apoyado activamente en la guerra que mantuvimos en 1982 contra la vieja potencia colonialista y crónicamente agresora, pues espontáneamente nos donó modernos armamentos y nos dio todo el apoyo posible en esas circunstancias (hechos “convenientemente” tapados por el establishment). Siria y Ucrania, por habernos aportado muchísimos inmigrantes, los que se han integrado muy bien a la cultura y al tejido social argentino.
Y con estos dos países existen otros lazos que los vinculan con mi pequeña y hermosa provincia de Misiones: Siria, por haber incorporado fuertemente a su propia cultura el saludable consumo de la yerba mate, producto típicamente misionero del cual es uno de nuestros principales compradores; y Ucrania por haber aportado un alto porcentaje de la inmigración que pobló a esta provincia.
En efecto. Si bien la inmigración europea (fuertemente promovida en los dos pasados siglos, para poblar Argentina) estuvo conformada mayoritariamente por italianos y españoles (se estima que sumaron el 90 % de los inmigrantes europeos en Argentina), por diversos hechos históricos (que acá no hacen al caso detallar), en Misiones las corrientes mayoritarias de inmigrantes provinieron de Polonia, Ucrania y Alemania –en porcentajes difíciles de determinar, pero claramente predominantes en el crisol de razas que es esta provincia-.
Pero si bien los datos precedentes son interesantes, el tema a analizar acá no es afectivo ni predominantemente antropológico. Desde lo geopolítico, los hechos ocurridos y en desarrollo en esos tres países, deben servir de enseñanzas válidas, tanto para Argentina como para todo el contexto del Mercosur, la Unasur y la Celac; o sea para toda Íbero América y El Caribe.
Tal como ningún análisis geopolítico mundial puede hoy omitir, es muy claro que está amenazadoramente vigente el neocolonialismo y su consecuente doctrina de las “intervenciones armadas preventivas” (a criterio y excusas prefabricadas por los propios agresores), puestas en vigencia con la “revolución” neoconservadora -década del ’80 del siglo XX-, y aplicadas descarnada y agresivamente a partir de la disolución de la URSS y el consecuente caos disgregador que afectó a Rusia desde 1990, por una larga década.
Fue el breve período histórico en el cual el establishment neocolonialista, crudamente neoliberal, e impulsor de la globalización a ultranza, soñó con la supuesta eterna vigencia del mundo unipolar –el monopolio absoluto del Poder Mundial-; lo cual se trastocó en el dinámico mundo multipolar de esta segunda década del siglo XXI.
Las invasiones a varios países de África, las dos perpetradas contra Iraq, e incluso la anterior contra Argentina en el Conflicto del Atlántico Sur, además de las unilaterales agresiones contra Panamá y Granada; más el inacabable conflicto intervencionista de Afganistán; la agresión encubierta a Nicaragua; y la fogoneada y activada partición forzosa de la ex Yugoeslavia; muestran las más relevantes de las múltiples intervenciones que en los hechos conformaron el actual vigente cuadro de neocolonialismo del siglo XXI, que como se precisó, comenzó como reedición actualizada del colonialismo decimonónico, en las dos últimas décadas vigesimónicas.
Todo el entorno de la denominada “primavera árabe”, y de las llamadas “revoluciones de colores” (como la de Ucrania) tienen el sello casi inocultable y muy dudosamente discutible, de una sutilmente elaborada aplicación de guerras blandas; que se evidencian como el contexto básico de intervencionismo y/o de prolegómeno de intervención militar directa, aplicado separada o conjuntamente por los integrantes de la troika neocolonialista (EEUU, Gran Bretaña, Francia), con o sin intervención directa del brazo armado conjunto pluriestatal que es la OTAN; con sus vinculaciones del mega poder financiero transnacional, representado por el FMI, el Banco Mundial y otros entes financieros estatales y privados que guían los mismos intereses relacionados con la imposición a ultranza del neoliberalismo.
Resulta más que evidente, que el neoliberalismo salvaje (definición de Viviane Forrester y de Naomí Klein), busca debilitar hasta la inoperabilidad total a los Estados Nacionales, alentando y/o provocando también sus fragmentaciones en mini Estados, casi siempre inviables y por ende fácilmente manejables por parte de los supra poderes transnacionales. En su momento, el neoliberalismo fue impulsado por el G 7, que nucleaba a las por entonces siete principales economías de la llamada Sociedad Postindustrial, y evidentemente, la aplicación a rajatabla de las “recetas” del neoliberalismo, impuestas con mano de hierro por el FMI y el BM, buscaron desarticular a los Estados y a impedir o incluso destruir sus desarrollos tecnológicos e industriales ya alcanzados (como sucedió con Argentina, en el siniestro período 1976-2001).
De uno u otro modo, varios países lograron evitar el cerco político-económico-financiero, con el cual el G 7 y los centros del poder financiero transnacional, intentaron cerrar los caminos conducentes al desarrollo socio-económico autosostenido; con lo cual aquellos buscaban mantener y consolidar el oligopolio tecnológico e industrial, apuntalado todo ello por las estructuras financieras transnacionales, en un proceso de pinzas, que  buscaba el cerrado mantenimiento del Poder Real; el cual en aquel hoy perimido esquema, era manejado por estructuras como la Comisión Trilateral, que aglutinaba a América Del Norte (EEUU más Canadá), Japón y la Unión Europea.
El mundo hoy no deja espacios de maniobra a los pequeños Estados solitarios o aislados, estando en consolidación la Era de los Grandes Bloques Geopolíticos.
En tal sentido, el Mercosur, la Unasur y la Celac, adquieren importancia vital para nuestras naciones y nuestros pueblos, así como para los Bloques Geopolíticos que son potenciales aliados. El dinamismo y las acciones coordinadas concretadas, han resultado contundentemente positivos y promisorios en varios casos en los que actuaron esos organismos regionales, saliéndose del esquema de férreo tutelaje de EEUU y Canadá (miembro de la Comunidad Británica de Naciones), que hasta hace poco ejercieron excluyentemente, por medio de organismos continentales como la OEA (Organización de Estados Americanos) y el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca).
Buscando poner trabas a la unidad Íbero Americana – Caribeña, y desestabilizar a los gobiernos “indóciles” de nuestra región, claramente vienen desarrollándose acciones de guerras blandas; fomentando la desunión, atacando los gobiernos y promoviendo odios y disconformismos estériles, cuando no intentando instigar apatía y derrotismo generalizado en nuestros pueblos. Incluso, con notable habilidad y sutiles técnicas psicológicas, magnifican los errores y buscan provocar un estado de disconformismo generalizado, incluso inventando o distorsionando noticias.
¡Poderoso aparataje de colonización cultural y de ejecución de las guerras blandas, el conformado por los medios de comunicación dominantes; diversas ONGs y Fundaciones (pseudo ecologistas, indigenistas, derecho humanistas, de “estudios económicos y sociales”, etc., mayoritariamente guiadas desde las potencias neocolonialistas); operaciones muy bien orquestadas en las redes sociales electrónicas; estructuras formales del poder aliadas a los sectores más refractarios a toda modificación al statu quo; diversos actores pseudos “progresistas” (mitro-marxistas, anarquistas y similares); etc.!
Todo eso está vigente y operando en nuestros países, para desunirnos y volvernos al redil de dóciles marionetas del poder neocolonialista.
Inclusive, desde fronteras adentro, están los cipayos asumidos y los colonizados mentales crónicos, que de una u otra forma, alientan y desean fervientemente que “el gran país del norte” emprenda “operaciones de restauración de las libertades” (léase neocolonialismo violento), mediante invasiones tradicionales; tal como en Argentina se vio poco tiempo atrás exclamar a viva voz a sectores de la oligarquía portuaria y se vio accionar semi encubiertamente a sectores refractariamente ultra conservadores, como la oligarquía agro-ganadera y los sectores vinculados a negocios de importaciones y las finanzas transnacionales. Por otra parte, están los que quieren cercenar nuestros desarrollos, atándonos a tratados de “libre comercio” que de rubricarse serían las vías de desindustrialización y subordinación político-económicas.
Por toda esa compleja realidad, difícil pero de ningún modo insuperable, resulta muy evidente que los gravísimos dramas soportados por Libia, Siria y Ucrania…lamentablemente no nos son lejanos, y son potencialmente muy cercanos a los íbero americanos y caribeños.
Y en ese contexto, ampliar y modernizar nuestras capacidades de disuasión militar, son una ineludible necesidad; además de ser muy necesario fortalecer las asociaciones con otros grandes actores del complejo ajedrez geopolítico mundial.
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

jueves, 10 de abril de 2014

http://spanish.ruvr.ru/2014_04_10/Argentina-y-la-siniestra-reedici-n-de-Plan-Morgenthau-0610/

Hoy, 12:51

Argentina y la siniestra reedición de Plan Morgenthau

Argentina y la siniestra reedición de Plan Morgenthau

La historia suele ser contada a conveniencia. En la actualidad, mucho se habla del Plan Marshall de ayuda financiera de EEUU a la Europa Occidental de posguerra, y luego de un plan similar aplicado en Japón, así como es muy promocionado el milagro alemán para referirse al rápido resurgimiento de la economía germana, y también el milagro económico japonés. 

Pero es muy poco conocido el siniestro Plan Morgenthau, que debe su nombre al secretario de Hacienda de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial y que precedió al Plan Marshall, siendo sus propósitos diametralmente opuestos.
El Plan Morgenthau formó parte de la batería de medidas y de instituciones a ser creadas por los aliados a partir de 1944 (o tal vez ya en 1943), cuando la marea de la guerra se posicionaba en contra del eje (Alemania, Japón, Italia y sus aliados); pensadas todas esas ideas para dar el contexto al mundo de posguerra, acorde ello a las prioridades de las potencias que a la postre resultarían vencedoras.
Demostrando un claro afán vengativo, sin importar las tremendas consecuencias sociales de su implementación, el Plan Morgenthau buscó mantener a Alemania sumida en el atraso permanente, imposibilitándole realizar ninguna acción concreta tendiente a reencauzarse en la senda del desarrollo. Para eso, los encargados de aplicar a rajatabla las feroces pautas del Plan, debían propiciar cualquier acción tendiente a mantener derruida y sin funcionalidad su infraestructura y a impedir recomponer la formidable estructura industrial y tecnológica que había caracterizado a este país desde fines del siglo XIX, además de evitar el progreso cultural de su población, incluso manteniéndola en niveles de pobreza económica y con carencias alimenticias, de sanidad y de instrucción. Con todo ello el Plan Morgenthau pretendía mantener a Alemania sumida en una economía primaria, subdesarrollada y desarticulada. Algo similar se pensó aplicar en Japón.
Curiosamente, muy pocos autores se refieren directa y claramente al Plan Morgenthau y a la esencia de genocidio económico del mismo. En tal sentido, es valioso consignar que a diferencia de las omisiones o meras menciones de otros autores, en la obra “Prosperidad y Crisis – Reconstrucción, Crecimiento y Cambio – 1945-1980”; Hermann van der Wee, en el volumen II, página 413, lo analiza en forma sobria pero muy explícita.
Sin embargo, entre 1947 y 1949, la situación cambió radicalmente, con el inicio de la Guerra Fría. Bajo ese contexto, Alemania (en ese momento Alemania Occidental) y Japón pasaron a ser dos piezas claves para contener la expansión comunista en Europa y el Este y Sudeste Asiático, respectivamente.
EEUU necesitaba impulsar las reconstrucciones civiles, la rápida mejoría de las condiciones sociales y el fuerte resurgimiento económico de Alemania Occidental y de Japón para operar como barreras o líneas de contención del comunismo y para que sirvieran confiablemente como plataformas de los despliegues de tropas y materiales estratégicos en el contexto del conflicto ya existente y no declarado formalmente que se conoció como la Guerra Fría.
La aplicación del Plan Marshall, implicó automáticamente la caducidad total del Plan Morgenthau, vigente en Alemania, y su similar en suelo japonés.
Menos conocido aún, y por cierto no explicitado como plan de público conocimiento, es la implementación de lo que puede llamarse “el Plan Morgenthau aplicable a Argentina”, de cuya instrumentación por cierto no existen antecedentes formales, pero en cambio la sucesión de hechos sutilmente concatenados, muestran demasiadas “casualidades” como para no poder afirmarse que se trató (¿o se trata?) de una brutal maniobra de “guerra blanda”, que como suele ser usual en esos casos, tiene objetivos que se siguen buscando, sin importar en forma crucial los plazos de ejecución.
Larga y continuada ha sido la historia de la injerencia –a veces sutil y en otros casos brutal y desembozada- del colonialismo anglosajón en los asuntos internos de Argentina; y ese detalle no hace al objetivo de este artículo.
En cambio sí cabe señalar que desde siempre hubo resistencias internas a ese rol de “país granja” subordinado, que se nos asignó desde afuera, con las complicidades internas. Ese factor de constante resistencia a las acciones colonialistas, sumado al reconocido enorme potencial de desarrollo de Argentina, y la posición referencial que nuestro país tiene desde sus orígenes para las naciones hermanas íberoamericanas, sin duda debe haber pesado mucho, para condenarnos a un futuro de miseria y disgregación política, como fue claramente el objetivo final del feroz neoliberalismo aplicado en Argentina durante un cuarto de siglo; y que los testaferros y voceros locales de esos poderes siguen presionando duramente para reinstalar, al como sea.
A partir del “proceso” (1976-1983), se instauró con notable ferocidad y consecuente total falta de sensibilidad social, un conjunto de medidas que destruyeron brutalmente el aparato productivo nacional, siendo acentuado su perfil anti industrial y antitecnológico; resultando explícito el objetivo retrógrado y anacrónico de reinstalar las estructuras feudales del país–estancia que opere como dócil colonia de las por entonces excluyentemente poderosas economías del G-7, y en particular las de EEUU y Gran Bretaña. Fue sin ninguna duda la aplicación adaptada en tiempo y lugar del pernicioso Plan Morgenthau.
Pero el “Plan Morgenthau a la argentina” no solo se ciñó a los siete años del tristemente célebre “proceso” cívico–militar. Su aplicación continuó profundizándose en las épocas de la llamada partidocracia cleptocrática, que atravesando las presidencias de Alfonsín, Menem y De La Rúa, nos llevó a los empujones a la severísima crisis de 2001/2002, la cual por muy poco no nos condujo a una situación de balcanización en media docena de republiquetas dóciles, tal como estaba previsto por los megas poderes financieros transnacionales globalizantes. Según concreto testimonio del que fui testigo de uno de los actores del complejo período de transición 2002/2003, los centros del poder neoconservador local apostaban a una guerra civil brutal… lo cual nos hubiera sumido en el caos total.
En todos esos años del cuarto de siglo neoliberal (1976-2001), la economía siguió deteriorándose, decayendo cualitativamente (cerrándose fábricas y desfinanciándose Universidades Nacionales y entes tecnológicos), el endeudamiento se acentuaba en forma descontrolada, la emigración de valiosa población seguía, y algunos hechos puntuales mostraban el perverso cariz que se imponía brutalmente: la transformación de escuelas técnicas en simples bachilleratos amorfos (una colonia-granja no “necesita” técnicos, ingenieros ni profesionales de ciencias duras); el vaciamiento de contenidos básicos en las escuelas (eliminando Historia y Geografía, y restando horas a Matemática y Lengua), con lo cual se buscaba embrutecer a la población; y el absurdo freno total impuesto a nuestro muy eficiente y avanzado Sector Nuclear, entre otras medidas muy negativas e indudablemente probatorias de la ejecución de un plan de destrucción sistemática de la economía y el tejido socio cultural de Argentina.
Todo acorde a las “observaciones” del historiador canadiense-británico Harry S. Ferns, quien afirmaba que solo mediante una guerra civil podrían anularse los notables avances concretados a partir de 1943/45, y a la medida de los intereses de ambas grandes potencias anglosajonas que en el cuadro de un país destrozado, o peor aún balcanizado en media docena de republiquetas dóciles, volvería a ser un fácil proveedor de materias primas baratas; a la vez que dejaría ser un poderoso factor de unidad, como lo es hoy en el Mercosur, la Unasur y la Celac; y no sería ningún obstáculo para las ansias expansionistas de la troika EEUU-Gran Bretaña-OTAN, en el Atlántico Sur, en la Antártida, e incluso en La Patagonia.
De hecho, las ONGs y Fundaciones ecologistas, indigenistas, derecho-humanistas, de “estudios” económicos y similares; transnacionales o las locales asociadas, operan como arietes de las guerras blandas, con las que persistentemente nos agreden, para volvernos al redil de los dóciles dominados.
Una Argentina fuerte será un poderoso factor de cohesión de los bloques de poder Íberoamericanos y Caribeños; bloques a cuya consolidación se oponen las potencias neocoloniales del siglo XXI, sus poderes financieros y sus brazos armados. De esa forma también evitaremos que –como sucedió antes tantas veces– esas grandes potencias nos usen como válvulas de escape para exportar sus crisis y sanear sus economías a costa nuestra.
co/as
Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.

miércoles, 9 de abril de 2014

ARGENTINA Y LA SINIESTRA REEDICIÓN DEL PLAN MORGENTHAU
         Algunos hechos históricos relevantes, son muy poco conocidos, y no por casualidad, suelen ser tapados por otros hechos “políticamente correctos”.
Por caso, son muy conocidos el Plan Marshall, de ayuda financiera de EEUU a la Europa Occidental de posguerra, y luego un plan similar aplicado en Japón; así como es muy promocionado el milagro alemán, para referirse al rápido resurgimiento de la economía germana; y también el milagro económico japonés. Pero es muy poco conocido el siniestro Plan Morgenthau, que debe su nombre al Secretario de Hacienda de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial.
Tanto el Plan Marshall, como el consecuente rápido repunte económico posterior de Alemania (y de Europa Occidental), recién se implementaron a partir de la declaración no formal, de la Guerra Fría, la cual comenzó claramente a partir de ciertas hostilidades entre ambas superpotencias, de la posesión de armamentos nucleares por la Unión Soviética, y del bloqueo de Berlín. Cronológicamente esos hechos se sitúan entre 1947 y 1949.
El Plan Marshall, aplicado en Europa Occidental, y similares medidas tomadas en el ocupado Japón de la posguerra, fueron ejecutados a partir de 1947, a consecuencia de los serios temores que suscitaba en EEUU la expansión del comunismo, las inflexibles posturas de la URSS del período de Stalin, y el contexto geopolítico mundial que claramente se vislumbraba como realidad excluyente para las siguientes décadas.
Bajo ese contexto, Alemania (en ese momento Alemania Occidental), y Japón, pasaron a ser dos piezas claves, para contener la expansión comunista en Europa y el Este y Sudeste Asiático, respectivamente.
EEUU necesitaba impulsar fuertemente las reconstrucciones civiles, la rápida mejoría de las condiciones sociales y el fuerte resurgimiento económico, de Alemania Occidental y de Japón; para operar como barreras o líneas de contención del comunismo, y para que sirvieran confiablemente como plataformas de los despliegues de tropas y materiales estratégicos, en el contexto del conflicto ya existente y no declarado formalmente, que se conoció como La Guerra Fría.
La aplicación del Plan Marshall, implicó automáticamente la caducidad total del Plan Morgenthau, vigente en Alemania; y su similar en suelo japonés.
El Plan Morgenthau formó parte de la batería de medidas y de instituciones a ser creadas por los aliados, a partir de 1944 (o tal vez ya en 1943), cuando la marea de la guerra se posicionaba en contra del Eje (Alemania, Japón, Italia y sus aliados); pensadas todas esas ideas para dar el contexto al mundo de posguerra, acorde ello a las prioridades de las potencias que a la postre resultarían vencedoras.
Demostrando un claro afán vengativo, sin importar las tremendas consecuencias sociales que serían directa consecuencia de su implementación, el Plan Morgenthau buscó mantener a Alemania sumida en el atraso permanente, imposibilitándole realizar ninguna acción concreta tendiente a reencauzarse en la senda del desarrollo. Para eso, los encargados de aplicar a rajatabla las feroces pautas del Plan, debían impedir mediante todo tipo de trabas, cualquier acción tendiente a mantener derruida y sin funcionalidad a su infraestructura, y a impedir recomponer la formidable estructura industrial y tecnológica que había caracterizado a este país desde fines del siglo XIX; además de evitar el progreso cultural de su población, incluso manteniéndola en niveles de pobreza económica y con carencias alimenticias, de sanidad y de instrucción. Con todo ello pretendía el Plan Morgenthau, mantener a Alemania sumida en una economía primaria, subdesarrollada y desarticulada. Algo similar se pensó aplicar en Japón.
Siniestramente vengativos y desalmados, eran los reales e impresentables objetivos que los poderes financieros y políticos de la principal potencia vencedora, tenían elucubrados para las dos principales potencias a las que enfrentaron en la Segunda Guerra Mundial. Supuesta (y muy creíblemente), tanto Churchill como Stalin habrían manifestado sus amplias conformidades con dicho Plan. O sea que fueron copartícipes necesarios de la implementación del Plan Morgenthau.
Curiosamente, o no tanto, muy pocos autores se refieren directa y claramente al Plan Morgenthau y a la esencia de genocidio económico del mismo.
En tal sentido, es valioso consignar que a diferencia de las omisiones o meras menciones de otros autores, en la obra “Prosperidad y Crisis – Reconstrucción, Crecimiento y Cambio – 1945-1980”; Hermann van der Wee, en el volumen II, página 413, lo analiza en forma sobria pero muy explícita.
Menos conocido aún, y por cierto no explicitado como plan de público conocimiento, es la implementación de lo que puede llamarse “el Plan Morgenthau aplicable a Argentina”, de cuya instrumentación por cierto no existen antecedentes formales, pero en cambio la sucesión de hechos sutilmente concatenados, muestran demasiadas “casualidades” como para no poder afirmarse que se trató (¿o se trata?) de una brutal maniobra de “guerra blanda”, que como suele ser usual en esos casos, tiene objetivos que se siguen buscando, sin importar en forma crucial los plazos de ejecución.
Larga y continuada ha sido la historia de la injerencia –a veces sutil y en otros casos brutal y desembozada- del colonialismo anglosajón en los asuntos internos de Argentina; y ese detalle no hace al objetivo de este artículo.
En cambio sí cabe señalar que desde siempre hubo resistencias internas a ese rol de “país granja” subordinado, que se nos asignó desde afuera, con las complicidades internas. Ese factor de constante resistencia a las acciones colonialistas, sumado al reconocido enorme potencial de desarrollo de Argentina, y la posición referencial que nuestro país tiene desde sus orígenes para las naciones hermanas íbero americanas, sin duda debe haber pesado mucho, para condenarnos a un futuro de miseria y disgregación política, como fue claramente el objetivo final del feroz neoliberalismo aplicado en Argentina durante un cuarto de siglo; y que los testaferros y voceros locales de esos poderes siguen presionando duramente para reinstalar, al como sea.
A partir del “proceso” (1976-1983), se instauró con notable ferocidad y consecuente total falta de sensibilidad social, un conjunto de medidas que destruyeron brutalmente el aparato productivo nacional, siendo acentuado su perfil anti industrial y antitecnológico; resultando explícito el objetivo retrógrado y anacrónico de reinstalar las estructuras feudales del país – estancia, que opere como dócil colonia de las por entonces excluyentemente poderosas economías del G 7, y en particular las de EEUU y Gran Bretaña. Fue sin ninguna duda la aplicación adaptada en tiempo y lugar, del pernicioso Plan Morgenthau.
Pero el “Plan Morgenthau a la argentina” no solo se ciñó a los siete años del tristemente célebre “proceso” cívico – militar. Su aplicación continuó profundizándose en las épocas de la llamada partidocracia cleptocrática, que atravesando las presidencias de Alfonsín, Menem y De La Rúa, nos llevo a los empujones a la severísima crisis de 2001/2002, la cual por muy poco casi nos llevó a una situación de balcanización en media docena de republiquetas dóciles, tal como era fogoneado por los megas poderes financieros transnacionales globalizantes. Según concreto testimonio del que fui testigo, de uno de los actores del complejo período de transición 2002/2003, los centros del poder neoconservador local, apostaban a una guerra civil brutal…lo cual nos hubiera sumido en el caos total.
En todos esos años del cuarto de siglo neoliberal (1976-2001), la economía siguió deteriorándose, decayendo cualitativamente (cerrándose fábricas y desfinanciándose Universidades Nacionales y entes tecnológicos), el endeudamiento se acentuaba en forma descontrolada, la emigración de valiosa población seguía, y algunos hechos puntuales mostraban el perverso cariz que se imponía brutalmente: la transformación de escuelas técnicas en simples bachilleratos amorfos (una colonia – granja no “necesita” técnicos, ingenieros ni profesionales de ciencias duras); el vaciamiento de contenidos básicos en las escuelas (eliminando Historia y Geografía, y restando horas a Matemática y Lengua), con lo cual se buscaba embrutecer a la población; y el absurdo freno total impuesto a nuestro muy eficiente y avanzado Sector Nuclear, entre otras medidas muy negativas e indudablemente probatorias de la ejecución de un plan de destrucción sistemática de la economía y el tejido socio cultural de Argentina.
Todo acorde a las “observaciones” del historiador canadiense-británico Harry S. Ferns, quien afirmaba que solo mediante una guerra civil podrían anularse los notables avances concretados a partir de 1943/45, y a la medida de los intereses de ambas grandes potencias anglosajonas, que en el cuadro de un país destrozado, o peor aún balcanizado en media docena de republiquetas dóciles, volvería a ser un fácil proveedor de materias primas baratas; a la vez que dejaría ser un poderoso factor de unidad, como lo es hoy en el Mercosur, la Unasur y la Celac; y no sería ningún obstáculo para las ansias expansionistas de la troika EEUU-Gran Bretaña-OTAN, en el Atlántico Sur, en la Antártida, e incluso en La Patagonia.
De hecho, las ONGs y Fundaciones ecologistas, indigenistas, derecho-humanistas, de “estudios” económicos y similares; transnacionales o las locales asociadas, operan como arietes de las guerras blandas, con las que persistentemente nos agreden, para volvernos al redil de los dóciles dominados.
Una Argentina fuerte será un poderoso factor de cohesión de los bloques de poder Íbero Americanos – Caribeños; bloques a cuya consolidación se oponen las potencias neocoloniales del siglo XXI, sus poderes financieros y sus brazos armados. De esa forma también evitaremos que –como sucedió antes tantas veces- esas grandes potencias nos usen como válvulas de escape para  exportar sus crisis y sanear sus economías a costa nuestra.


C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Investigador de Temas Económicos y Geopolíticos

miércoles, 2 de abril de 2014

TLC MERCOSUR UE - ¿UN NUEVO ESTATUTO LEGAL DE LA DEPENDENCIA?
Si bien el tema tiene poca repercusión mediática, siguen sin pausa las gestiones (¿presiones?) de la Unión Europea, para que el Mercosur rubrique el Tratado de Libre Comercio, el cual estaría muy cerca de ser aceptado.
Lo notable es el poco o nulo espacio que a tan importante tema le han dedicado diversos analistas, ubicados en diferentes espacios del espectro político-económico argentino y de Sudamérica. Y tampoco existe difusión precisa acerca del alcance real de dicho TLC, que según se indicó recientemente, está muy cerca del acuerdo total. Pero conociendo que significa e involucra el recurrente concepto de “libre comercio”, no es posible confiar que nos sea favorable y menos aún conveniente.
El tema resulta extremadamente preocupante, por las muchas connotaciones mayoritariamente negativas que ese desenlace con seguridad tendrá, operando como insalvable freno a nuestro desarrollo socio económico y tecnológico, habida cuenta de las experiencias históricas en la materia, y conociendo la enorme disparidad entre las economías “comunitarias” y las del Mercosur, o eventualmente de la UNASUR.
Existe el antecedente muy cercano, del fundamentado rechazo que Sudamérica le propinó a EEUU a su proyecto del ALCA, en la Cumbre Presidencial de Mar del Plata, en 2005. En esa oportunidad, los artífices principales que impidieron que Bush (hijo), en su rol de presidente de la potencia del norte consumara su muy promocionado y fuertemente presionado proyecto, fueron los presidentes de Venezuela, Argentina y Brasil; Chávez, Kirchner y Lula.
Muchos sudamericanos, con claro sentido de la importancia de defender nuestros intereses nacionales y regionales, nos alegramos sinceramente cuando se hizo fracasar el ALCA, que en rigor pretendía ser el instrumento de neocolonización económica que nos atara y subordinara, posiblemente en forma irreversible, a la poderosa pero conflictuada economía norteamericana.
Claramente, con ese tratado, EEUU buscaba no solo asegurar como mercado propio a toda Íbero América y El Caribe, sino también utilizarnos como válvula de escape, para descomprimir –en parte, pero significativamente- la muy seria crisis estructural adolecida por la primera potencia mundial. Es la vieja táctica de “exportar las crisis”, tan repetidamente utilizada por Europa Occidental y EEUU, ahora envuelta en el colorido ropaje del “libre comercio”.
Entonces, si el ALCA o TLC con EEUU fue desestimado por su negatividad para nuestros intereses regionales, ¿por qué ahora está intentando crearse consenso favorable, o al menos clara apatía, respecto al TLC en marcha con la UE?
Hace al tema recordar que en 1935, en el marco de un régimen de gobierno oligárquico y fraudulento, se firmo el Pacto Roca – Runciman, con cláusulas tan lesivas a nuestros intereses y a nuestra soberanía, que fue calificado por Arturo Jauretche como “el estatuto legal del coloniaje”. Cabe señalar la “perlita” que definió a ese tratado de subordinación explícita a los intereses del imperio británico -ya en decadencia-, pues a los postres del banquete realizado en Londres para celebrar el acuerdo, el entonces vicepresidente argentino y responsable principal de nuestro país en las negociaciones, en su discurso exclamó exultante que se sentía complacido porque en los hechos, Argentina formaba parte del Imperio Británico…¡a confesión de parte, relevo de pruebas! Reconocimiento explícito del rol de cipayo asumido, del discursante y de todo el gobierno argentino de esos aciagos años.
Ese Pacto, era otra versión de TLC, acomodada a la época y la conjunción de  intereses imperiales y de los oligarcas nativos, estos últimos siempre tan “liberales” y conspicuamente antinacionales.
Si bien los liberales, ciertos sectores “progresistas” declamatorios –siempre funcionales a los intereses antinacionales- y todo el aparataje cultural/mediático/catedrático al servicio del establishment, tratan de ocultar o disfrazar por todos los medios, resulta indiscutible que la perversa doctrina del “libre comercio” fue la poderosa herramienta de colonización político-económica, que nos mantuvo sojuzgados al Imperio Británico, prácticamente desde nuestras independencias, al menos hasta la mitad del siglo pasado, o incluso más cerca aún en el tiempo. Después, la dependencia más fuerte fue mutando hacia la subordinación argentina e Íbero Americana, bajo la tutela de la potencia excluyente del continente y del mundo. EEUU pasó a ser la referencia imperial dominante, pero la influencia colonialista británica siguió siendo fuerte en Argentina.
El liberalismo económico fue el instrumento de colonización económica, que complementado con las herramientas de colonización cultural, nos mantuvo como colonias económicas del hoy viejo y decaído –pero aún muy peligroso- imperio británico, y luego de su sucesora anglosajona del continente americano. Ideas -  fuerza falaces y notablemente perversas, como “las ventajas del libre comercio”, “las conveniencias de la especialización económica”, “las (supuestamente) insuperables limitaciones de los costos comparativos por limitaciones de escalas productivas”; sumadas a las perversidades de inculcar las supuestas y nunca demostradas “inferioridades crónicas” de nuestras capacidades, siempre comparadas desde el menosprecio a lo propio y a nuestra gente, por los agentes de la colonización cultural; fueron poderosos factores que impidieron o dificultaron en grado sumo salir del limitado y subordinado rol de simples productores de materias primas, que era tan funcional a los intereses imperiales, y tan gustosamente aceptado por sectores internos cómplices con esos dictados. Esos copartícipes necesarios de nuestra dependencia han sido la oligarquía agro-ganadera de la Pampa Húmeda y sus ramificaciones en otras provincias; los portuarios importadores y asociados a la maquinaria financiera transnacional, los sectores “izquierdistas” del mitro – marxismo, y otros.
Aclaremos que por “mitro-marxistas”, el genial Jauretche definió a los colonizados mentales por las “recetas” supuestamente válidas del marxismo europeo decimonónico, que toman como válida –para sus devaneos teóricos- la historia argentina tergiversada y edulcorada del academicismo histórico de Mitre y sus continuadores.
Bajo esos esquemas de colonización cultural y dependencia económica, se tardó larguísimas décadas en extender la instrucción secundaria pública (solo la primaria estaba difundida), y recién a mediados del siglo XX las Universidades Argentinas estuvieron de hecho accesibles a los sectores medios y populares, pues antes eran un reducto elitista; y todo eso no es casual, pues es bien sabido que la gente que piensa puede ser “peligrosa”, pues termina razonando y comprendiendo diversos mecanismos de la realidad, entre ellos los referentes a las múltiples y sutiles redes que mantuvieron estructuras socio - económicas crónicamente dependientes.
Por otra parte, nadie medianamente bien informado, puede desconocer las aplicaciones prácticas del “libre comercio” ejercidas por EEUU y Europa, siempre tan “liberales” para exportar y tan proteccionistas para importar, cuantas veces les resultó necesario. ¿O acaso se puede desconocer que la UE se niega a importar alimentos producidos en forma mucho más eficiente y económica por nuestros países, para mantener sus estructuras agrarias nada competitivas? ¿O puede olvidarse que cada vez que quisieron cortar las exportaciones de carnes argentina, tanto EEUU como Europa pretextaron aftosa u otras zoonosis, recurrentemente falsas o no bien documentadas? ¿O puede ignorarse que las acusaciones de dumping a las exportaciones de biocombustibles de Argentina a España y otros países de la UE, fueron en verdad claras represalias, por la decisión soberana argentina de recuperar la petrolera estatal, rifada por monedas en los aciagos años de exacerbación del neoliberalismo en Argentina, en la nefasta década del ’90?
¿Puede ser acaso conveniente un TLC de un bloque en desarrollo, como los conformados en Sudamérica, con el bloque que pese a los problemas sigue siendo el de mayor PBI del mundo, como es la Unión Europea?
¡Hay sobrados y más que bien fundamentados motivos, para dudar acerca de las “bondades” del TLC, que calladamente y tras bambalinas, parece querer imponerse al Mercosur, y con él a la Unasur!

C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

ANALISTA DE TEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS